La Semana Santa se presentaba tardía en Callosa, entrada la segunda semana del siempre inestable e impredecible mes de abril. Quedaban atrás cuarenta días de rezo de ‘Los Pasos’ por parte de los incondicionales seguidores de Jesús, motivados por la devoción que sembraron en el corazón de los callosinos los Padres Franciscanos Alcantarinos y la insigne y venerable callosina doña Juana Ángela Godoy, cuya diaria Fe conduce al cristiano callosino a la conmemoración de la Pasión de Cristo. Todo ello teje durante cuarenta días, con el fino y resistente hilo de la tradición cristiana, toda la actividad cofrade que se viene desarrollando en Callosa por la feligresía de San Martín y San José agrupada, bajo el amparo de sus parroquias, en las 15 cofradías y hermandades que componen esta Junta Central.

Sobre la regular actividad anual que desarrollan todas ellas alrededor de las Eucaristías y actos de culto, destacan la celebración del 20º Aniversario de la constitución del tercio de costaleras de la Madre del Amor Hermoso, el 40º Aniversario de la fundación de la Hermandad de los Moraos y el inicio de los actos programados por el 50º Aniversario del Patronato de la Pasión de Callosa.

Toda una programación cuyo fin se adivina el séptimo día anterior a Viernes de Dolores, jornada marcada en el calendario cofrade con nombre propio: el día de la Bajada. Esta popular celebración, que sirve de antesala a la Semana Santa callosina, anticipaba la incertidumbre que se viviría en los días posteriores. La lluvia amenazó con alterar la celebración de esta tradición, que desde el siglo XVIII se viene realizando con la salzillesca advocación de la Dolorosa como protagonista, pero un radiante sol ganó la batalla a las previsiones, posibilitando el normal discurrir de la misma, hecho que celebró Callosa con los tradicionales Cantos entonados en su honor.

Tras la celebración del Septenario a la Virgen y habiendo tenido lugar la ‘Subida’ a la Ermita que lleva su nombre, el Evangelio comienza en Sábado a narrar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, teniendo presente la imagen del Nazareno que nuestra antecesora, la ‘Beata Godoya’, veía con los ojos del alma, tal y como relataba en sus crónicas el Padre Antonio Panes. Este extenso relato de la Pasión, que recoge San Lucas en su Evangelio, sirve de antesala de lo que comienza a representarse en las calles de Callosa, cada año a partir de este instante, desde que la Reforma católica promulga mediante las órdenes religiosas acercar al ciudadano la vida de Jesús a través de la religiosidad popular. En este día, las cofradías que renovaron el movimiento devocional callosino de la Semana Santa en los años 80, vienen haciendo partícipe al Santo Patrón de nuestra ciudad de la muestra Amor realizada por Jesús por todos nosotros con la sobriedad que caracteriza a Moraos y Nazarenos de Cristo.

La noche cae, como cada año, a la luz de las antorchas y a la espera de un sol resplandeciente que vuelve a no fallar en el día de la Procesión Litúrgica que Domingo de Ramos que sale a las calles de toda ciudad cristiana para celebrar la llegada de Jesús a Jerusalén. El movimiento ondulante de espigadas palmas amarillas marca el camino Triunfante de Jesús entre el pueblo que anuncia su llegada. El soleado día permitió que la respuesta de los callosino fuera, si cabe, mayor a otros años, siendo cientos los que siguieron al Cura Párroco ante los pasos de costaleros sin dolor, por ser a Cristo a quien se lleva, tal y como recitaba el Patronato por boca de la distinguida voz de don Miguel Ángel Ferrández.

Y al caer la tarde, el entorno de ‘la bacalá’ se inunda de una nube de incienso que envuelve los corazones de los callosinos que esperan la nueva ‘bajada’. En esta ocasión, la Madre engalanada se encuentra con su Hijo prendido ante la multitud, cayendo de rodillas a sus pies al son de la marcha que compuso el maestro bigastrense don Francisco Grau Vegara, general de brigada del Cuerpo de Músicas Militares, tristemente fallecido en julio de 2019.

Con los sentimientos a flor de piel, Madre e Hijo se despiden al son del Ave María de ‘Encarnación Coronada’ para dar paso a la procesión de las Mantillas. La Dolorosa espera su salida este año desde la puerta principal de San Martín aprovechando la rampa colocada por la Junta Central, por primera vez, entre los ‘monos’ situados inmediatamente frente a esta joya del gótico que posee Callosa. Salvar el desnivel en este acceso a la plaza de la Iglesia permite la salida de la Dolorosa con mayor amplitud, favoreciendo el giro de su trono, que destaca por sus grandes dimensiones, facilitando también la habitual salida de los pasos de las Negaciones de San Pedro y del Cristo de la Caída, así como del Cristo de la Expiración al hombro de sus portadores, Lunes, Martes y Miércoles Santo respectivamente.

Además, destaca la continuidad en la gestión de sillas de alquiler, donde la inmensa mayoría de vecinos renovaron sus abonos, sumándose algunas decenas más. La cantidad de sillas ocupadas el domingo hizo duplicar la recaudación del primer año en el que se realizó la gestión, cuestión que denota que Callosa está respondiendo positivamente a este servicio.

En este sentido, cabe mencionar que se decidió no colocar sillas de alquiler en el tramo final de la calle convento, así como el inicio de la calle Antonio Calvo, en el perímetro del solar conocido como el de la ‘Chichina’, por las problemáticas que alteraban su normal gestión. Por otro lado, la grada, que en los últimos dos años se viene instalando en la plaza Reina Sofía, fue sustituida por una tarima que concedió la concejalía de Cultura permitiendo, sin el alto costo que suponía, tener dos alturas en este enclave tan arraigado en la Semana Santa callosina. Además, en el final del recorrido, a partir de donde finaliza la colocación de sillas, en las calles Desamparados y Alameda, volvieron a colocarse los cubrepiés granates que tanto engalanan el itinerario y contribuyen a un mayor orden de las procesiones al evitar el cruce de personas entre los nazarenos. Con ello se consigue definir el ancho de la procesión de manera más ajustada, permitiéndose la colocación de sillas libres bajo el acerado y dejándose, detrás de estos elementos, la propia acera libre para el discurrir de los peatones y nazarenos que ya han finalizado su estación de penitencia.

Como novedad, hay que señalar la suma de nuevas tecnologías en el control de la procesión, ya que, además del uso de las llamadas telefónicas grupales, la Junta Central gestionó los tiempos del recorrido de las diferentes cofradías y hermandades en base a una hoja de cálculo compartida entre los mayordomos coordinadores. Esta herramienta contribuyó a darle continuidad a la procesión, al eliminar los parones, haciendo coincidir los tiempos estimados de paso con los tiempos reales de los diferentes estandartes e imágenes por los puntos intermedios marcados en los dos cruces con la rambla y a mitad de la calle Antonio Calvo, a la finalización del Jardín Glorieta.

En la procesión, como viene sucediendo décadas, las Mantillas siguen el rastro de la palma que la mañana proclamaba alegría por la llegada de Jesús y, ahora en la mano de San Juan, la noche ha convertido en el anuncio de Dolor de una Madre que sabe del camino de Pasión que espera a su Hijo en los siguientes días. Él encabeza esta procesión seguido por una multitud de la que emergen las Santas Mujeres que acompañarán a su Madre hasta dar Fe de su Resurrección a toda la humanidad.

La actividad penitencial de Lunes Santo comenzó con el Vía Crucis que realiza cada año el reducto Seglar Franciscano que perdura en Callosa desde los Alcantarinos dejaron la ciudad en 1834 en el contexto de la desamortización de Mendizábal. Como viene sucediendo desde hace años, retorna a la Capilla de la Orden acompañado por gran parte de las personas que han venido cumpliendo con el Vía Crucis diario de Cuaresma, iniciándose con cierto retraso. Deberá por tanto reconfigurarse el horario de salida marcado, las 20 horas, para permitir el normal desarrollo de su Acto de Culto a las 19,30 y hacer cumplir con los tiempos en sucesivos años.

La Hermandad de los Moraos, que aguardaron la salida de San Pedro a la llegada del Cristo de las Siete Palabras al Convento, retomaron el recorrido que discurría por la calle abajo. Itinerario más acorde, a mi entender, por el mayor recogimiento de esta calle, frente a la amplitud de la avenida, en el contexto de una procesión construida para sobrecoger a todo aquel que acude a contemplarla, escuchando la prosa de nuestro Adrián Prieto.

El discurrir de las procesiones de Martes y Miércoles Santo se desarrolló con normalidad. El Martes el fuego, flotando en el aire, guió en su traslado al Cristo de la Expiración a San Martín, que siempre mira al cielo con el genial gesto de inmensa transcendencia que le caracteriza. Marcado el punto de encuentro en la Arciprestal, corazón de nuestra Semana Santa, emprende su camino el Cristo que, sin dejar mirar al Padre, sufre por levantar su rodilla del suelo, cargando con una pesada Cruz que comparten los nazarenos que le preceden.

Miércoles, la imprevisible climatología del mes de abril comenzó a anunciar más que probables lluvias para los siguientes días, por lo que Callosa salió de nuevo a inundar las aceras de sus calles de la ilusión por recibir el esperado caramelo, en previsión de que pudiera no recogerse Viernes. Iniciando la procesión las imágenes de las cofradías que nacen en el esplendor ‘semanasantero’ callosinos del ecuador del siglo XX: la Oración en el Huerto de los olivos, Jesús Flagelado por dos sayones, Jesús presentado al pueblo de Judea en el balcón que conforma su trono, y la venerada imagen del Nazareno que carga, desfigurado de dolor, la cruz sobre su hombro. Toda una muestra gráfica del Evangelio enmarcada por los olores y sonidos característicos de esta Semana de fervor en las calles, que prosigue con la Amargura de una Madre que, aupada a hombros de sus costaleras, sigue los pasos de su Hijo, partiendo desde la antesala de la renacentista fachada de la Capilla de la Comunión y hasta el final de sus pasos, la verdadera imagen (del lat. vera icon) de Jesús sobre el lienzo de una mujer que limpia el rostro de Cristo enjugando su sudor; Cristo crucificado portado por sobre su rígida Cruz con los hombros de los que le siguen desde el interior de la Puerta del Cielo (del lat. porta celi); y, cerrando este Vía Crucis itinerante, resurge la viva imagen de la Angustia de una Madre que llora con ojos secos la inconsolada pena de soportar a un Hijo yacer sobre sus rodillas, frente al grupo joven que ha cogido las riendas de esta histórica Cofradía movidos por su pasado e ilusionados por un futuro encabezado por doña Isabel Belda.

Jueves Santo las probabilidades de lluvias y la expectación sobre la realización de las salidas procesionales centraba toda conversación en las calles de Callosa en el día que más se ha amado. Es el día en que Jesús dio su vida por Dios y todos nosotros; el día que se celebra aquello que el Nazareno de Honor, Cáritas Interparroquial, pregona 365 días al año: el Amor Fraterno.

Tras la celebración de la Institución de la Eucaristía en San José y San Martín, albergando ya el Monumento al Altísimo, comenzaron a llegar noticias de la suspensión de procesiones en pueblos vecinos. Todo ello anticipó las primeras suspensiones de esta Semana Santa de 2019: la del Acto Conmemorativo de la Santa Expiración del Señor y Meditación sobre las Siete Palabras en la mañana del Viernes y la Procesión de Ntra. Sra. de la Esperanza Macarena la noche del Jueves.

La salida de la Macarena, que aplazaba su decisión a las 21,30 horas, acaba siendo cancelada, comunicando por sus redes sociales al igual que lo hacían las Siete Palabras. La página ‘Semana Santa Callosa de Segura’ en Facebook comienza a hacerse eco de todas estas decisiones y, lamentablemente, la atención de los callosinos se trasladó a estos medios digitales que marcan la inmediatez del siglo XXI, en lugar de al fervor de sus calles. Los medios de comunicación convencionales también se hacían eco, dejando constancia gráfica de la triste estampa que se daba en el Museo de Semana Santa, en el que se agrupaban los costaleros de una Macarena, ya sin Esperanza de pisar el asfalto, tal y como comunicaba su presidente en el año que su hermano, don Manuel Serrano había pregonado la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

La incertidumbre se mantuvo los siguientes minutos por la decisión de la realización del Encuentro en el Calvario. Tras una reunión convocada frente a la puerta gótica de la Iglesia con las cofradías implicadas, a las 22 horas se decidía suspender, en pos de la seguridad de cofrades y costaleros en las, previsiblemente, húmedas calles del Calvario al alba del Viernes.

Mientras, en el interior de San Martín solo se vislumbraban las cruces blancas de la hermandad bordadas en las negras capuchas. Y afuera, el reloj parado, el sonido de la bocina, de la matraca y del tambor abren camino a más de 100 luces que discurren saliendo de San Martín, bajo una gran cruz de luz que reluce señalando la casa del cristiano. Brillan centelleantes como perlas en la oscuridad de la noche nublada para alumbrar al Cristo que, en Silencio quiso salir a las calles de Callosa. El pueblo entero recibió a Jesús en las calles, como es costumbre, reafirmando sus creencias antes de esconderse bajo el dintel de la Capilla de la Comunión.

Continuaba en el aire, por entonces, la decisión de la realización del Vía Crucis de Nuestro Padre Jesús cuya negativa se desveló a las 6 horas, ya del Viernes, al no remitir la lluvia que ya se predijo días atrás. La suspensión de la Procesión de la Exaltación de la Cruz se comunicó a las 14 horas, por decisión unánime de los que componen la misma

El Sábado Santo siguió sin traer buenas nuevas ya que, a las 12h, prosiguió suspendiéndose la Procesión del Santo Entierro debido a la predicción meteorológica y ante la imposibilidad de trasladar al Cristo Yacente a la Arciprestal para preparar su salida.

Sí fue posible, gracias a Dios, la celebración de la Resurrección de Cristo al cerrar sus puertas San Martín, tras la celebración de la Solemne Vigilia Pascual, con el estruendo de los tambores iniciados por el ‘magdaleno’ don Fco. Roque Aparicio. Este año discurrieron en sentido inverso al anterior, desde San Roque a San Martín pasando por la Ermita de los Dolores, albergando un número de tambores ligeramente inferior, suponemos, debido al cierto riesgo de lluvia que había acechado durante todo el fin de semana a Callosa.

Tras la reunión que determinaba la cancelación de la procesión del Santo Entierro y el inicio de la Vigilia Pascual, se hizo saber que el Encuentro Glorioso se realizaría en el interior del Templo Parroquial. La preocupación de la Hermandad de los Nazarenos de Cristo ante la nueva suspensión de este evento en su turno del ciclo de Caballeros y Damas Portaestandarte fue aliviada gracias a la decisión tomada por don Juan Bautista al permitir que este acto pudiera realizarse a salvo de las precipitaciones, bajo la mirada de los ángeles de las bóvedas baídas proyectadas por don Andrés de Vandelvira.

El amanecer del Domingo se iniciaba con la Iglesia engalanada y repleta de gente. Una alfombra verde, repleta de pétalos de rosa blanca y flanqueada por banderines de la insignia de la Hermandad de los Nazarenos de Cristo, marcó el camino de los cargos, representantes de la Junta Central, estandartes y representantes de la propia Hermandad. Todos ellos, cubiertos portaron y acompañaron a la Virgen de la Portería en el discurrir entre la Capilla de la Comunión al Altar Mayor. Y situándose los estandartes envolviendo el baldaquino y los representantes de las cofradías y hermandades en los bancos delanteros, comenzó el protocolo que viene desarrollándose por años sobre el adoquín del exterior.

Se sucedieron las genuflexiones del Caballero y nuestra Madre sobre la verde alfombra, ante la presencia en el altar el Santísimo bajo el palio de la parroquia de San José. Envuelto en un silencio expectante, don Antonio Bernal retiró el luto de María, haciéndole ver que Jesús se encontraba entre los hombres. En ese momento se abrió la espléndida cúpula de San Martín convirtiendo la lluvia del exterior en pétalos y aleluyas mientras que sonaba la gloriosa marcha Triunfal, proclamando gloria a Cristo Jesús y honor por siempre a Dios, Rey de la Gloria, tal y como pregonaba don Manuel semanas atrás.

Acto seguido, la Virgen salió a la plaza de la Iglesia, desafiando las inclemencias, para anunciar la Resurrección de su Hijo, con el Caballero al frente portando el pendón blanco y envuelto en la euforia de este gran momento para Callosa y la humanidad. La emoción se reflejaba también en las lágrimas de los rostros de los Nazarenos de Cristo que, desde 1987 no veían culminar tal glorioso acto por un hermano. El Caballero hizo entrega, en ese momento, a su antecesor, don Antonio Serrano Garri, del pendón blanco compartiendo con él la celebración de lo que en 2004 la lluvia le impidió realizar.

En una Iglesia engalanada, la Misa Pascual sucedió a este acto con la presencia en el altar de la Madre del Amor Hermoso rodeada de sus costaleras. Por desgracia, a estas no les fue posible aclamar la alegría de este día por las calles de la ciudad en el año que cumplían 20 años, decisión que se tomó al finalizar del Encuentro Glorioso.

Tras la Eucaristía, entre las felicitaciones de los asistentes, se mostraba el agrado por cómo se desarrolló el acto, en el que el público pudo ver el mágico momento con mayor comodidad de la habitual, al realizarse en el altar envuelto en marco único e incomparable.

De esta manera, finalizaba una Semana Santa complicada en la que se vivieron momentos únicos en la historia de Callosa, motivada por las especiales circunstancias que se dieron, quedando sin procesionar las cofradías del Santo Sepulcro y de la Virgen de la Soledad, que este año estrenaba directiva, dirigida por la Dama doña Leticia Serna.

Y ya en Pascua de Resurrección, cabe destacar el desarrollo del Comulgar de San Vicente en el que, siendo el año jubilar del Santo, su imagen procesionó en andas, portado por la Cofradía del Sepulcro. Los seguidores de este Santo, cuyas predicaciones y milagros levantaron tanta devoción en toda la España del siglo XV en general, y en el levante en particular, fueron fundadores de multitud de cofradías, hoy día vinculadas a la Semana Santa, llevando el nombre de la Sangre de Cristo. La devoción que tiene en Callosa y la inmemorial tradición del Comulgar que lleva su nombre, hace plantearse un posible paso del mismo por Callosa como ya barajaba nuestro Cronista Oficial de la ciudad, don Miguel Martínez; hecho que pudo ser la brizna que encendiera la llama de la tradición devocional ‘semanasantera’ en, aquella, nuestra Callosa, entonces, de Orihuela.

Roguemos al Santo valenciano que proteja esta tradición por muchos años, dotándola del ‘Alma’ de Fe que necesita, y nos dé fuerzas para transmitir su significado y la devoción que sentimos por la Semana Santa a nuestros descendientes y sucesores.

Vicente Mora Manzanaro

Cronista de la Junta Central de Semana Santa