El año 2020 comenzaba con diversas muestras artísticas que anticipaban lo que se esperaba fuera una Semana Santa como las anteriores. La exposición ‘Enfoques’ recogía las obras creadas por Andrea Poveda, ganadora del concurso libre Joaquín Ramón Almira, con sus alumnos del Centro Sociosanitario Cristo de los Mineros (Fundación Diagrama) de La Unión, así como las fotografías finalistas del Concurso de Instagram. La cuarta muestra escultórica del Ciclo de exposiciones ‘Adrián Prieto’, Ángeles de Pasión y Gloria, ponía punto final a uno de los proyectos clave de esta Junta Directiva habiendo puesto en valor, de nuevo, la calidad escultórica y patrimonial de la imaginería ‘semanasantera’ levantina, con el agradecimiento a todas las partes implicadas. Y la exposición pictórica del pintor Bartolomé Roca, ‘Pinturas para Retablos’, complementaba las anteriores muestras, exponiendo, en la Casa de cultura ‘Reina Sofía’ las magníficas dotes de este artista cuya obra disfruta Callosa en su sala monográfica del Museo de Semana Santa.

Mientras que los colores e imágenes conmemorativos de la Pasión de Cristo, el incombustible Hermano Mayor de Honor de esta Junta Central, don José Mora Moreno presentaba el libro ‘Esperando la procesión’, muestra del amplio archivo del que dispone de nuestra Semana Santa. Y entrada la Cuaresma, en su primera semana, tenían lugar los dos actos cuaresmales que pudieron realizarse organizados por la Junta. En primer lugar, la presentación de cargos el primer viernes, como viene realizándose desde años atrás, que se arrancaba con los versos de Adrián Prieto con los cuales también se dio inicio a la primera Cuaresma de esta Directiva y en la que destacaron las emotivas presentaciones y los sones de los Cantos de la Pasión, patrimonio cultural popular callosino, y de nuestra Semana Santa. En segundo lugar, la realización del XXV Certamen de Bandas más numeroso en participación de los últimos años, en la que destacó la participación de la Banda de CCTT de Nuestro Padre Jesús de nuestra localidad, que se ausentó el año anterior, y el estreno en este evento de la Banda de clarines y tambores de Santa María Magdalena y Jesús del Perdón en su, también, XXV aniversario. Además, también participaron en dicho certamen la banda infantil de los Moraos, San Pascul de Dolores, del Santo Sepulcro de Oliva, del Stmo. Cristo de la Buena Muerte y Mª Stma. del Monte de Guardamar y la Flagelación del mismo municipio.

Los actos de culto comenzaron a realizarse con normalidad las primeras semanas, pudiéndose desarrollar el Acto conmemorativo del XXV Aniversario de la Banda de clarines y tambores de Santa María Magdalena y Jesús del Perdón en la Casa de Cultura, pero una sombra que se cernía desde unos meses atrás nubló todas expectativas de la Semana Santa callosina.

Un virus que se apreciaba lejano, en la china región de Wuhan, venía copando los focos de los noticiarios y se presentaba en Italia como una realidad cercana. La Semana Santa, reflejo de la sociedad europea en general, no acababa de ser consciente del peligro que se cernía sobre la población.

El repunte de casos detectados a principios de marzo hizo que, pasado el fin de semana del 8 de marzo, comenzaran a suspenderse todo tipo de celebraciones. El 12 de marzo, a la interrupción de clases escolares, le seguía el anuncio de la Junta Mayor de Alicante, primera ciudad en cancelar la Semana Santa, que fue seguida de un goteo de suspensiones en los diferentes pueblos de la comarca y de todo el país. Mientras tanto, esta Junta Central anunciaba que la presentación de la revista anual se realizaría a puerta cerrada, además de la limitación de aforo en la exposición del concurso Joaquín Ramón Almira, el cual finalmente se acabaría suprimiendo.

Un día después, la Organización Mundial de la Salud declaraba la Pandemia Global por la situación provocada por el conocido como COVID-19 y la Generalitat cerraba bares, cafeterías y todo establecimiento regulado por la ley de espectáculos públicos. La suspensión de la Semana Santa callosina se daba por hecho a falta de la toma de decisión por parte de la Asamblea. Entretanto, se presentaba, en los salones vacíos de la Cooperativa Eléctrica, una revista de alta calidad que recuperaba la tapa dura y mantenía el nivel habitual en maquetación y contenidos bajo la dirección de doña María Dolores Martínez Garri. Una revista que más adelante, dada la imposibilidad de hacer efectiva la entrega comercio a comercio por el riesgo que podía ocasionar, se puso a disposición de compradores y colaboradores en 4 puntos de venta de productos de primera necesidad incluyéndola, muchos de ellos, en el servicio a domicilio de sus productos.

Ante el anuncio del gobierno de declaración de estado de alarma, con medidas de confinamiento para minimizar el contagio y combatir así el virus, el 14 de marzo Sevilla y Orihuela se sumaban a las suspensiones mientras la directiva de la Junta Central de Semana Santa convocaba en Callosa una asamblea extraordinaria y urgente que se celebraba por medios telemáticos ante la recomendación de evitar reuniones. En ella se cancelaba, por unanimidad de los presentes, la Semana Santa 2020 y los actos programados de Cuaresma en su totalidad, conscientes de la gravedad de la situación. La comunicación en redes sociales no sorprendía a nadie, encontrándose con las muchas solicitudes de elevar oraciones a nuestro Patrón San Roque, Santo Protector ante las epidemias, para que nos salvara en tal necesidad.

Entrábamos en una particular Cuaresma, sin siquiera actos de culto, en la que el ayuno y abstinencia de vida social, de trabajo y de salir a la calle se nos presentaba como nuestra penitencia, con tal de ayudar a sobrepasar una situación que nos hacía ver lo frágiles que somos ante Dios.

Los días de confinamiento se sucedían mientras los callosinos lidiábamos la situación con aplausos, canciones populares o el himno español. Se animaba con ello a todas las vidas humanas que luchaban contra el virus desde hospitales o que participaban en la provisión de alimentos y productos esenciales, es decir, a todos esos trabajadores expuestos al virus cuyo trabajo era imprescindible.

También se luchaba, en las calles de Callosa, durante esta especial Cuarentena invocando a lo divino. Resonaban los toques de clarines, tambores y cornetas que acompañan a nuestras imágenes cada año, de todas esas bandas que tuvieron que interrumpir sus ensayos y reuniones. Y el paseo de San Roque se convertía en un continuo ir y venir de devotos que subían, en soledad, a rezar al Patrón o hacían resonar sus gozos en las calles, mientras su ermita brillaba sobre la Vega como lo hace en su novena, iluminando la Fe del callosino contra la pandemia.

Pasada una atípica festividad de San José, sin celebración ni procesión en su Parroquia, el día 20 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano emitía un comunicado dirigido a los obispos con directrices en relación a cultos de Semana Santa, concretamente los de Pascua, Misa Crismal y Triduo Pascual de Jueves y Viernes Santo. En el mismo se planteaba la posibilidad de que «las procesiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del obispo diocesano, podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo el 14 y 15 de septiembre».

Esto suponía un halo de esperanza a los amantes de esta celebración, aunque incierta y extraña. En cualquier caso, el foco del Cristiano estaba en el presente.

Cristo, que en la Semana de Pasión daba su vida por la humanidad, estaba presente en cada médico, enfermero y demás personal sanitario, camionero y policía, que dejaban sus vidas, sus comodidades y sus familias por todos.

Cristo se encontraba presente en cada uno de los templos, en los que se seguía oficiando Misa en el silencio y soledad, así como en los medios de comunicación en donde se facilitaba la Misa diaria a todos.

Cristo también se encontraba presente en la pérdida de aquellos que, enfermos, no podían superar los efectos del virus, teniendo que ser enterrados en soledad, sin ser velados por amigos y familia.

Pero también encontrábamos a Cristo en la esperanza de encontrarnos con ellos en la Paz de la Gloria de la Resurrección, así como en la esperanza de superar esta enfermedad que impedía al cristiano expresar su Fe como es costumbre, en las calles de Callosa.

Y en el día en que comienza la Semana Santa en el corazón de los callosinos, el día de la Bajada de la Virgen de los Dolores, la lluvia caía reflejo de las lágrimas de todos los fieles que la esperan y acompañan cada año. Los balcones de toda la ciudad se llenaban de aplausos y toques de los tambores moraos que siempre guían su caminar, mientras desde su Ermita se retransmitía en directo por redes sociales la imagen de María acompañada de la música con la que siempre se celebra su salida en las calles de Callosa.

Desde este día comenzaba la tradicional novena a nuestro padre Jesús y el septenario a la virgen de los Dolores, que este año se realizaba desde la seguridad sanitaria que confiere el hogar de cada feligrés, llegando a ellos por el tan necesario Whatsapp, básico para la comunicación entre allegados y que servía de receptor de comunicaciones de diferentes entidades públicas y religiosas.

Y es que, como nos recordaba por este medio don José Luís Satorre en sus diarias predicaciones desde Santa Justa, Santa Teresa nos decía que “entre los pucheros anda Dios”. Los callosinos ocupaban su confinamiento domiciliario recuperando tradiciones culinarias.

A las puertas de Semana Santa, acabado el septenario a la Virgen de los Dolores y la novena a Ntro. Padre Jesús, los sentimientos encontrados comenzaban a reflotar en los callosinos. En Sábado Santo las páginas de Facebook de las cofradías y hermandades se llenaban de tristes reflexiones, llamándonos a vivir en el recogimiento, sobre una Semana Santa especial, en la que nuestro deber era honrar a Dios siendo responsables, quedándonos en casa y orando por todos, manteniendo los valores que evangeliza la Semana Santa.

Pero las prohibiciones para procesionar no mermaron las ganas de recibir a la Virgen en Callosa. Un grupo de vecinos recreaba esta bajada con tronos artesanales que hacían discurrir entre balcones de la localidad, gracias a un ingenioso sistema de poleas, sobre las vacías calles de la ciudad; singular acción que puso los focos de la prensa autonómica y comarcal en nuestra ciudad.

La Junta Central, en colaboración con Redfibra emitía en directo en Facebook la programación que la televisión local emitía. Y a estas procesiones de años anteriores se sumaban las marchas procesionales que tenían que sonar desde los instrumentos de la filarmónica y las diferentes agrupaciones y bandas. Estas marchas resonaban por todas las calles de la ciudad desde el hilo musical instalado en la avenida Constitución, el campanario de nuestra Arciprestal y en decenas de altavoces de vecinos que sintonizaban para hacer sonar al unísono.

Y ya caído el sol y en el silencio de la asolada noche, la ciudad entera seguía sonando a Semana Santa bajo la imagen de la emblemática fachada iluminada de San Roque, los timbales de los Nazarenos de Cristo y de los Verdes resonaban acompañando, desde cada balcón, el canto de la Saeta.

Domingo de Ramos amanecía con palmas en los balcones de niños y mayores, que a iniciativa del Excmo. Ayuntamiento, se realizaron en papel y diferentes materiales en los días anteriores. Los niños, además, a iniciativa de la Junta, realizaban y pegaban en sus ventanas las siluetas de capuchinos y costaleros que se facilitaron a modo de libro para colorear desde la web de esta entidad.

Y al igual que sucedía el día de la bajada, Jesús de Nazaret se recibía en las calles de Callosa. En diversos rincones aparecían mas tronos que los vecinos hacían discurrir sobre el asfalto, tirados por cuerdas, o entre balcones.

Estas representaciones improvisadas, se repetían con otros singulares momentos de la Semana Santa callosina como  son el encuentro de la Virgen de los Dolores y Jesús del Perdón, las procesiones de jueves santo de Ntra. Sra. de la Esperanza Macarena y el Cristo del Silencio y el culmen de nuestra Semana de Pasión: el Encuentro Glorioso y la retirada del luto de la Virgen.

Entre tanto, los cofrades hacían sonar tambores y clarines en los momentos en que sus Cofradías o Hermandades debían estar en estación de penitencia, por el hilo musical se hacía sonar los sones propios de cada uno de los días de Semana Santa en cada momento, la televisión local rememoraba momentos vividos en años anteriores y las redes sociales servían para coordinar y promover toda esta actividad así como diversos mensajes e iniciativas de cofradías y hermandades de la Junta Central y de la Parroquia.

Jueves Santo volvían a apagarse las luces de nuestro casco histórico, iluminando la oscuridad centenares de velas que enchufadas en los balcones anunciaban, entre el sonido de la campana de madera, del cuerno y el timbal, que Jesús había descendido a los infiernos. La madrugada del jueves al viernes, como es tradicional, se celebraba el tradicional Vía Crucis de Ntro. Padre Jesús, que este año guiaba el Padre Germán, transmitiéndose por redes sociales, y está marcado como el origen de nuestra Semana Santa. La televisión local también retransmitía en directo el Triduo Pascual desde la Arciprestal de San Martín, de Jueves a Sábado, día en que se colocaban lazos negros en los balcones en señal de luto por la Muerte de Jesucristo.

Cerrando este día en el que Callosa celebra el Santo Entierro de Cristo, tras la realización de la Vigilia Pascual, en el momento en que las campanas de San Martín celebran la Resurrección de Cristo, tambores de todas las cofradías y hermandades se unían a las cacerolas de cada vecino que pregonaban la victoria de la vida sobre la muerte; la Resurrección de Cristo Jesús

Domingo, las calles de Callosa amanecían sin los tradicionales aleluyas y la alegría de cada año, pero los balcones se tornaban blancos conmemorando la pureza del que había derrotado al pecado y nos había conferido la vida eterna.

Se cerraba así una completamente inesperada y atípica Semana Santa en Callosa, que había servido para desprenderse de su habitual folklore en gran medida, realzar los verdaderos valores de la Muerte, Pasión y Resurrección de Jesús, así como para hacer más fuerte a una comunidad Cristiana cofrade, que ansía la vuelta a la normalidad y el cese de esta enfermedad que asola el planeta.

Habiendo iniciando la actividad cofrade anual con la presentación del libro del Hermano Mayor de Honor don José Mora Moreno, cuyo título hacía alusión a esta ansia del cofrade por el inicio de nuestras procesiones, quién iba a decirnos, ese 31 de enero de 2020, que aún en 2021 seguiríamos ‘esperando la procesión’.

Vicente Mora Manzanaro

Cronista de la Junta Central de Semana Santa