Abril de 2017 no deparaba una Semana Santa plácida.

Por un lado iniciaba su andadura una nueva y joven Junta Directiva, coja de un puntal básico tan competente y versátil como Adrián Prieto, aunque henchida de ánimos y nuevas ideas, algunas de las cuales podían ser divergentes del habitual proceder de la Semana Santa callosina. Con ello, y siempre en búsqueda de una mejora continua, se trabajó desde el diálogo y la flexibilidad con las diferentes cofradías, entidad parroquial y local, y vecinos con la meta de ir un paso más allá en el cumplimiento de nuestros proyectos, promesas y sueños, pero siempre desde el respeto por lo existente.

Por otro lado, y no siendo suficiente la superación de problemáticas relativas a lo arriba citado, que llevó implícito incluso faltas de respeto por parte de algunas personas a miembros de la Junta y a la institución en sí misma, el abril de 2017 se vivió la primavera con mayor fractura social vivida en Callosa por las generaciones criadas en democracia. La decisión de pleno celebrado el 4 de marzo de 2016 de retirar la Cruz que flanquea por años la puerta de la Iglesia, no caló en los vecinos hasta meses más tarde. Nadie acababa de creerlo hasta que tuvo lugar el primer intento de retirada, evitado por la comunidad parroquial, que visibilizó la afrenta que suponía la pretensión del consistorio para la comunidad cristiana, la Parroquia en sí y por ende gran parte del pueblo de Callosa, una ciudad nacida y crecida en la fe de su pueblo, en torno a una plaza que siempre ha sido de la Iglesia.

La Navidad sufrió la división latente de la población, que en su mayoría salió a la plaza a reivindicar que la Cruz no es otra cosa que un elemento que representa a Cristo y su mensaje de Amor y Paz. Y, por extensión, está realidad pasó a instalarse en el seno de Cofradías y Hermandades. La historia de la democracia en la que vivimos presenta, hace unas décadas, a otro alcalde que se autoproclamaba ateo y el párroco de entonces, al igual que el actual, supo diferenciar la ideología personal del cargo institucional en su labor consiliaria. Sin embargo hay que destacar que el recientemente fallecido D. Fernando Belda (D.E.P.) respetó la simbología del cristiano y no participó de actos en los cuales no se consideraba partícipe del sentimiento religioso, enfocando su labor política en poner en valor la reconciliación social, erigiendo incluso monumento a ello.

El Sr. Alcalde de la primera luna llena de 2017, por contra, no solo había atentado contra el más importante símbolo del cristiano, pretendiendo eliminar la Cruz sin llegar a acuerdo con la Parroquia, sino que realizó el intento la misma mañana en que se había fechado reunión para intentar llegar a un acuerdo. Con la mitad de la población contrario a su presencia en actos de carácter cristiano, Francisco Maciá reivindicó su papel de autoridad municipal en todo acto religioso al que se le invitó, con su perspectiva de valorar la manifestación popular de fe más importante de Callosa, desde el aspecto cultural y turístico. En ellos, el hecho de que no realice la señal de la Cruz en misa cuando ocupa puesto reservado a su cargo, al igual que se considere que mantenga posturas no muy acordes al lugar de culto que representa el Templo y unido al hecho de que en sus intervenciones adoctrine a la comunidad cristiana realizando interpretaciones parciales del evangelio, fueron actitudes tomadas por muchos como desafiantes mientras otros consideraban que su cargo como Alcalde prevalecía frente a todo.

Y esto, como es lógico, ha llegado a provocar fracturas internas en alguna Cofradía o Hermandad, dubitativas en posicionarse en un sentido u otro, habiéndose dado incluso situaciones de crispación y reproches entre las mismas a pesar del apoyo manifiesto a la Semana Santa proclamado por la corporación.

He de aclarar que para nadie es agradable escribir estas líneas en una crónica de la Semana Santa local, pero el ataque recibido en la línea de flotación de la comunidad cristiana de Callosa, así como sus consecuencias, es tal que debe ser reflejado.

Con todo ello, durante la Cuaresma se desarrollaron los actos sin ningún percance, dentro de la normalidad y del sentido común de una comunidad educada en base a los conocimientos que representa la misma Cruz. Iniciada con las Misas con imposición de ceniza en todas las ermitas y parroquias con misa diaria, se iniciaron los habituales Vía Crucis que se celebran en Callosa toda la Cuaresma y las misas tradicionalmente celebradas por las cofradías y hermandades fueron sucediéndose junto a los actos de culto de aquellas que celebran algo especial para conmemorar anualmente su participación en la vida cristiana y los actos organizados por la Junta Central.

Previa a la entrada de Jesús entre palmas y olivos, esperaba como siempre la bajada de su Madre Dolorosa de su Ermita a la Arciprestal, siendo recibida por el jovial gentío en este día tan especial para Callosa en que tradicionalmente detiene su actividad comercial para esperar este momento en que se percibe la proximidad de Domingo de Ramos.

Y ya a las puertas de la semana de Pasión, que el cofrade espera con deseo por su reencuentro con Jesús y María en común unión con sus hermanos y cofrades, una Cruz y sudario parten con puntualidad pregonando la entrada de la Semana Grande en Callosa. Inician nazarenos de Cristo la subida al hermanamiento que se celebra, esta vez bajo la supervisión de la Junta Central, que estrenan vestas granas con capucha tipo verdugo y cinturón de fibra natural bajo el mas estricto anonimato. Al son de la saeta y entre breves palabras de ambas cofradías, se cumplieron estrictamente los tiempos establecidos.

Tras la sobriedad de las hermandades que inauguran la actividad penitencial, se pasa al enorme júbilo. La comunidad parroquial, con su máxima autoridad al frente flanqueada por sus Consejos Pastoral y Económico, abren la Procesión Litúrgica de las Palmas, a los que le sigue toda Callosa en el trayecto que discurren entre la Parroquia de San José y San Martín. Entre nubes y claros, el párroco bendice las palmas que durante este trayecto provocarán olas amarillas que ondean en el caminar que marca el camino de Jesus, que entra Triunfante a la plaza de la Iglesia al igual que lo hizo en Jerusalén. Abarrotada de la gente que sigue al párroco ataviada con sus mejores galas para celebrar que Jesús va a dar su vida por todos, entre el gentío, interviene el Patronato de la Pasión, que siempre recibe a Jesús al grito de Hosanna, agitando sus cofrades palmas y olivos, y abriendo paso al Hijo de David. A hombros de sus costaleros, levantado al cielo sabiendo que va a morir por todos nosotros, el himno triunfante resuena por megafonía, abriendo turno para la foto familiar de rigor, tanto frente al Cristo como frente a la Cruz, siempre presente en la vida cultural callosina, y dando comienzo la misa entre campanas. Una celebración clave en la liturgia cristiana, ornamentada con las palmas bendecidas que portaba los consejos y que la comunidad cristiana parroquial no respalda en la medida que se merece con su asistencia.

Al llegar la oscuridad a las calles de Callosa en Domingo de Ramos, vuelve a encontrarse María Dolorosa con su hijo ante el expectante gentío. Bajando del que fue hospital de la villa, estrena saya, corona, campana y bacalá el año de su restauración, y se encuentra con un Jesús rebosante de Perdón que camina misericordioso entre la multitud. Tras minutos de emociones a flor de piel da comienzo la estación de penitencia de las cofradías que nacieron a finales del siglo XIX en Callosa para acompañar a María y Jesús en la Pasión. Magdalena, Juan, María Salomé y María Cleofás, siguen a Jesús fieles a su mensaje de paz y perdón, guiando a María que avanza sin rumbo en un baño de lagrimas. Al finalizar la estación, todos esperan llegar a la Dolorosa que prosigue su camino hacia la Arciprestal.

Lunes, San Pedro es acusado ante la multitud de seguir a un Jesucristo que contempla la escena en la puerta del templo mientras un soldado amenaza al que niega ser amigo del Nazareno. Los versos del eterno D. Adrián Prieto resuenan en la plaza de la Iglesia en este año que la lluvia no ha impedido que la Hermandad estrene a su reconvertido San Pedro en su jornada procesional, ahora hombros de nuevo trono y con recorrido distinto al del habitual, saliendo y entrando de la Arciprestral pasando por la Alameda. Previo a lo cual, la Orden, con sus sombríos hábitos marrones, realiza su tradicional Vía Crucis de nuevo por las calles de la localidad, portando al Cristo de las Siete Palabras desde su capilla, reducto del Convento Franciscano que presenció el origen de nuestra Semana Santa.

Junto a su Madre Inmaculada, en este caso erguido entre su imagen y el altar a la Virgen de La Luz, permanece Martes Santo el Cristo de la Expiración recientemente trasladado desde el mismo Convento, ahora Carmelita, para iniciar en el siguiente día, su estación de penitencia, portado sobre el hombro firme de sus portadores. Y tras éste, el Nazareno de San José, caído sobre su rodilla, es portado también a la Arciprestal para permanecer, bajo la luz de la Esperanza a su salida de Viernes, seguido por penitentes portadores de la Cruz que Jesús nos dejó como inequívoco símbolo de amor, perdón y reconciliación.

Miércoles llega otro día esperado para los niños, que tras Domingo de Ramos salen a la calle ansiosos de caramelos. Los protagonistas de esta Procesión llamada ‘de la Pasión’ son las cofradías que surgen a mitad del siglo XX en el esplendor de la Semana Santa vivido por aquellas épocas, Oración en el Huerto, Ecce-Homo y Ntro. Padre Jesús, seguidos de las penitenciales Moraos y Siete Palabras, y de la histórica cofradía que antaño fuera de la Vera Cruz.

Y un día mas tarde, tras la celebración de la última cena en la Eucaristía, se abre el Triduo Pascual. Callosa reza las Estaciones en familia, preparándose para una noche oscura. Una noche que comienza con una luz de Esperanza que aglutina al pueblo de Callosa arrojándole sus deseos y plegarias entre música de cámara. Una noche que culmina con un rastro rojo sangre iluminando a Cristo, en Silencio, que tras oración, procesión y el rezo del credo, vuelve a San Martín guiado por decenas de negros capiruchos puntiagudos que se muestran en la oscuridad como una larga corona de espinas desplegada por las calles de Callosa. Cristo crucificado este año procesional con dos ángeles con motivo de su 75 aniversario, un cráneo de Adan, símbolo de la salvación de la vida sobre la muerte, habiendo sido recién restaurado tanto el Cristo como la luminosa Cruz.

Llegada la madrugada de Viernes Santo, baja callosa de su monte calvario ante el perfil de la arciprestal reluciente, amaneciendo sobre la huerta. Arriba se han vivido las escenas mas cruentas que un ser humano puede vivir, desarrollada a los ojos de su madre que es consolada y guiada en su dolor por Juan, Magdalena, y las Marías Salomé y Cleofás, que nunca fallan a su amigo Jesús ni al desconsuelo de María. Al llegar a la Arciprestal se entonan los ultimos Cantos de la Pasión en un día glorioso para Callosa que celebra el origen de su Semana Santa con este particular Vía Crucis. Pasa la dolorosa al son de las voces del pueblo que aman a María y a la Cruz de Cristo en una plaza que minutos más tarde escuchará pregonar las Siete Palabras de un Cristo que se presenta crucificado a la diestra de la eterna Cruz de mármol que lo hace presente en el día a día callosino.

Horas más tarde, el mismo Viernes por la noche, tiene lugar la procesión que venía denominándose como ‘General’ y que en este 2017 pasa a denominarse ‘de la Exaltación de la Cruz’. Jesús orando ante el Caliz en la Oración en el Huerto de de los olivos en Getsemaní, Jesús prendido lleno de Perdón seguido de María de Magdala, su amigo Juan, María Cleofás y Salomé, Jesús Flagelado y coronado con espinas ante Pilatos, Jesús Nuestro Padre portando la Cruz seguido de una María llena de Amargura, Cristo el Nazareno caído sobre su rodilla vencido por la atrocidad cometida con él, Jesús ante la mujer Verónica con su rostro reflejado antes de ser crucificado sobre el horizonte del monte Calvario, Jesús Agonizando en sus últimos minutos de vida mortal y, por último en los brazos de su Madre llena de Angustia, configuran un testamento iconográfico sin igual en las calles de Callosa repletas de gente en sillas de madera.

Todos, con gran esfuerzo de sus cofrades aguardan, al finalizar, la llegada de una incorporación a esta estación de penitencia: una Cruz de Pasión, una Cruz desnuda envuelta en simbología referente a la Pasión de Jesús que las cofradías han prestado para permitir su salida. Un timbal, un clarín, un sudario, clavos, una corona de espinas, un puñal, el craneo de Adán, frascos de esencia, un cáliz, antorchas, palmas y olivos enmarcan y sintetizan la Pasión y Muerte de Jesús envueltos de nubes de incienso. Pero Jesús no está en ella. Cristo ha desciendido a los infiernos para resucitar y vivir eternamente, y por ello salimos a dar un testimonio de fe que D Juan Bautista, nuestro Cura Párroco, contextualiza al llegar arropado por gran parte de la comunidad parroquial callosina que sigue a la Cruz y su significado sin complejos.

Tal esfuerzo, con cuestiones organizativas a mejorar en cuanto a posicionamiento y organización de pasos, se trasladó en la recogida de los tronos al museo, cuestión que se ha de destacar se realizó con relativa fluidez y con la colaboración de personas de todas las cofradías y hermandades. Sin duda esta iniciativa, que surgió este año a modo de prueba para paliar las problemáticas que manifestaban tenerse en esta larga procesión de Viernes Santo, ha conseguido ser un éxito en cuanto a participación, agradando a los asistentes el colofón que se había planteado a esta salida procesional cuyo final quedaba algo desmembrado y vacío.

El sepelio de Cristo se desarrolla Sábado Santo, día en el que las cofradías históricamente vinculadas a la huerta y a la burguesía, son protagonistas. El cortejo fúnebre es abierto por un quinteto musical que sustituye a la habitual banda para dotar de la sobriedad que merece tal acto y es seguido por el Caballero Portaestandarte, la representación de todas las cofradías y la Junta Central vistiendo el luto. Tras ellos decenas de hombres guían al Santo Sepulcro de Jesús portado por sus costaleros, y decenas de mujeres a la Virgen de la Soledad que este año estrena un azul intenso bajo su saya, color de su estrella en el cielo.

Tras ello, se inicia la Vigilia Pascual con la tradicional bendición del Cirio Pascual y el bautizo de niños. El fuego en la plaza de la Iglesia otorga un carácter muy particular a esta celebración, a las puertas de la Capilla de la Comunión, que en unas horas presenciará la salida del Santísimo. Se enciende él cirio pascual, dando luz a todos y cada uno de los presentes, reunidos alrededor de él y la noche transcurre tranquila hasta que llega a oídos de todos. ¡Cristo ha resucitado!

La mañana de Domingo se inicia con la Inmaculada Virgen de la Portería, que con tanto cuidado guardan las Hermanas Carmelitas, rodeada de representantes en vesta de todas las Cofradías y Hermandades abanderadas por sus estandartes. Tras recorrer los metros hasta el centro histórico, tiene lugar el momento mágico que Callosa espera con anhelo. María se encuentra ante el Altísimo reconociendo a su hijo Jesús resucitado, y comienza el protocolo en el que el caballero genuflexiona ante Él guiando los pasos de María envuelta en luto. En una calle engalanada con pétalos y dibujos florales sobre la calzada como nunca, D. Luis Mora Salinas levanta el manto a María otorgándole visión de lo que no podía ser de otra forma. Cristo vive entre nosotros y globos, pétalos y aleluyas se levantan al aire entre el sonido de la música gloriosa que ensalza este gran encuentro. El caballero pasa a tomar el pendón blanco para anunciar por las calles de Callosa la dicha a sus vecinos. La Virgen de los Dolores, en su ermita presencia frente a la imagen del Cristo Resucitado la alegría en las caras de todos los participantes de esta procesión, que da paso a la Misa que proclama la Pascua de Resurrección.

Tras ella, el Cristo Resucitado y María, la Madre del Amor Hermoso celebran el triunfo de la Cruz sobre el mal recogiendo a muchísimos niños y no tan niños que con sus vestas y sin sus capuruchos, se disponen a dar, con más alegría si cabe, los dulces caramelos característicos del levante semanasantero. Al llegar al Convento, la Virgen de la Portería vuelve a su capilla portada por sus entusiastas portadores de la Virgen de los Dolores, y el cortejo de cofradías acaba aquí siguiendo la procesión del Resucitado hasta la Arciprestal, celebrándose el encuentro que vuelve a poner en marcha la cuenta atrás para una nueva Semana Santa en Callosa.

Sin más, y siempre insistiendo en el fomento de la participación y la inclusión de toda persona en el seno de las cofradías y hermandades, así como el aumento de su participación en forma de actividad religiosa y cultural, destacar que 2017 ha supuesto una Semana Santa digna de la tradición y el sentimiento que tiene el callosino en ella.

Destacar en lo relativo a cuestiones procesionales, que el cumplimiento de los tiempos ha cumplido lo establecido por la Asamblea de la Junta Central y que se han utilizado matracas para el control y la organización de las procesiones, siendo utilizadas para un homogéneo arranque y parada de los penitentes. Además, se han colocado faldones – cubrepiés al final de recorrido de Domingo de Ramos, Miércoles y Viernes Santo, lo cual ha producido un final de procesión más aseado en cuanto a respeto por el espacio procesional. En general, se finaliza con un sentimiento generalizado del buen trabajo realizado, de esta nueva junta central junto a todas cofradías, ejemplares en predisposición y adaptabilidad a las circunstancias.

Vicente Mora Manzanaro

Cronista de la Junta Central de Semana Santa

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