Cuando el grupo directivo de la Junta Central de Semana Santa, en visita domiciliaria me propuso pregonar, motivos de fuerza mayor y pequeños achaques propios de la edad  sembraron de dudas mi respuesta, pero el alto nivel de preparación de quienes me han precedido en esta tribuna y realizarlo ante tan distinguida audiencia, resolvieron el dilema para aceptar con orgullo encontrarme, hoy, en este templo centenario y Monumental de San Martín, flanqueado por las imágenes de Ntro. Padre Jesús, la Virgen de Los Dolores y al abrigo de San Martín y San Roque y de todos los estandartes de las distintas Hermandades y Cofradías,  simbología de nuestra Semana Santa.

En ningún momento he dudado en utilizar ideas o frases de autores conocidos, se trata simplemente, de mi incapacidad para decirlo o pensarlo mejor de lo que ellos lo pensaron o lo dijeron. Por ello, consciente de la responsabilidad contraída y  las motivaciones expuestas, he considerado definir el hilo conductor de este sencillo manifiesto en el que intento exponer una retrospectiva, sobre la Semana Santa, así como una valoración actual no exenta de cierto análisis crítico.

Transcurrían los primeros días del nuevo año y hojeando la última revista del Colegio de Doctores y Licenciados, me detuve en la lectura de un texto In Memoriam  del recientemente fallecido Stephen William Hawking, personaje archiconocido en silla mecánica con su ordenador y estrella mediática de divulgación científica, que en uno de sus primeros libros, que tuve ocasión de leer, Breve Historia del Tiempo y de los Agujeros Negros, confirmaba su condición de creyente y últimamente, en un giro de 180 grados, manifestaba abiertamente su ateísmo al considerar que la ciencia convierte a Dios en innecesario y que las leyes de la Física pueden explicar el universo sin la necesidad de un Creador, y para colmo de su radicalismo extremo llegó a afirmar: “Debe ser aburrido ser Dios y no tener nada que descubrir”. Ante la lectura de tal aseveración, manifestación endiosada y reflexionando sobre la misma, recorrió por mi mente la idea de aplicarle la misma panacea: ¿ Y por qué no afirmar que ese Dios de la ciencia del que hacía gala fuese motivado por su permanente aburrimiento, o bien que su aburrimiento fuese causa de su potencial ascenso a la categoría de Dios?

Nadie duda de los adelantos científicos y de sus contribuciones positivas en la vida de los hombres, pero el tratamiento absoluto de sus logros, olvida axiomas, modelos intuitivos y postulados sobre los que se apoyan muchas de sus leyes que alimentan, a veces, la infinidad de casos que no tienen solución ni respuesta inteligible, por lo que si aceptásemos tales supuestos, tendríamos el deber de preguntarnos:  ¿Qué significado y qué sentido tiene, por tanto, celebrar la Semana Santa?. Por el contrario, si analizamos  el desarrollo de la vida, comprobamos, que sin lugar a dudas, vivimos encadenados a ella, pues realmente termina la Semana Santa que todos sentimos vivir, para dar comienzo, de nuevo, a otra semana santa virtual, de duración temporal diferente, pero con los mismos contenidos de pasión y muerte, y en consecuencia de dolor y punto final: Dos aspectos que se revelan en el día a día, tanto a nivel personal como colectivo.

Bueno es recordar el reciente desenlace del niño Julen, dolor y muerte para unos padres marcados con el sello imborrable de la memoria que siempre proyectará el recuerdo de una fallida esperanza y de un final jamás deseado; la pasión que soporta el indigente que  con la voz quebrada y débil te dice: ¡tengo hambre..!  ¿Cuántas veces lo habrás escuchado amiga, Ana, cuando tocan a las puertas de Cáritas?; el innumerable contingente de jóvenes que manteniendo relaciones metaestables, de indiferencia, de desánimo y apatía, comienzan su andadura por la Calle de la Amargura que solamente conduce al Calvario de la ruptura familiar; otros con la adicción a las drogas, estupefacientes de diseño y que en consecuencia confluyen en el mismo Gólgota. Semana Santa que con dolor y pasión sufren las inocentes criaturas, unos por malos tratos y otros por métodos abortivos, aprovechando no tener amparo ni poder utilizar la mínima defensa, diciendo solamente: ¡No me mates…, no me mates!.  Esa imperecedera Semana Santa que aparece  de manera fugaz, que siempre acompaña al hombre y lo hace capaz de lo indecible, poniendo en marcha la fábrica de la acción y haciéndole cambiar el uso y finalidad de sus logros, para saciar ambiciones y apetitos, desafiando incluso a la naturaleza: No apareció el asno para ceder su quijada a Caín y matar a su hermano Abel; ni el cultivo bacteriano, para su uso en vacunas, en su deriva hacia las armas  biológicas de destrucción masiva, ni tampoco la capacidad creadora de la mujer para disponer de la vida del no nacido y en consecuencia para cambiar sentimientos de bondad por maldad, de amor por odio y alegría por dolor, y  todo ello, cuando se alimenta en su cerebro un espacio reservado al instinto animal.

Seguiremos viendo, escuchando y soportando mofas y murmuraciones acerca de la figura de Cristo en la cruz, por citar, la publicada recientemente en un establecimiento comercial, donde cada una de las partes del cuerpo de Jesús crucificado. simulaba la de un despiece vacuno; montajes de obras teatrales irreverentes a Dios, nuestro Padre; actos procesionales groseros hacia la figura de María, siempre virgen, y que por muchas denuncias ante la justicia, se liberan repetidamente mostrando el, ya manido, salvoconducto de la libertad de expresión; seguiremos padeciendo un encarecido laicismo que recurriendo a leyes  aplicadas, sin sensatez y prudencia, van dirigidas únicamente a eliminar de nuestra cultura cristiana cualquier  símbolo o imagen que la represente, y como  muestra, ninguneando a la  mayoría popular, la retirada de la puerta de la Iglesia de la Cruz de los Caídos que tantas raíces echó, que dejando un vacío, permanentemente solicita llenarse de nuevo. Continuará ese martilleo constante que invade nuestros hogares con lamentables noticias: Cuando no sea la violencia de género, serán los atentados terroristas o la muerte de colectivos cristianos en países del Islam más radical, como en Filipinas e Indonesia o decretar, como en Arabia Saudí, la retirada de las biblias a los turistas e incluso negar el aterrizaje a los aviones que, en sus estructuras de colas, tengan la forma de cruz; y por qué no.., o los numerosos casos de abusos sexuales, con menores, por miembros de la Iglesia de Dios.  Cuando no sean denuncias sociales lo serán de violación de derechos, pero lo que no tiene nombre, ni siquiera para las mentes más obtusas, es ver como un contingente de personas, cifrados en decenas de miles, escogen sus periodos vacacionales para realizar turismo de sexo. No niego derechos a nadie, siempre que medie una actuación responsable, porque prostíbulos existen y existirán mientras habite el hombre en la tierra, pero buscar sin escrúpulos el placer con niños y niñas,  verdaderas criaturas, de edades que no llegan a completar el lustro o la docena de años, no significa definir la existencia del falso o mercantil amor, sino la invasión y violación de los derechos de los niños, la profanación, el ultraje y el desprecio a ese mundo de los sueños, de la ternura, de la inocencia. ¿De qué dureza será el alma de quién abandona a un recién nacido y lo deposita en un contenedor  de basura? ¿Que tortura tuvo que soportar un niño sirio que denunció, ante la policía, a sus padres por haberlo traído al mundo? a este mundo azotado por las guerras y sus consecuentes migraciones. Sobre estos cimientos únicamente podrán construirse falsos edificios de podredumbre, miseria y fracaso. Y todo cuanto denuncio no es más que la punta del iceberg  que se oculta bajo la falsedad y la calumnia: el más que repetido valle de lágrimas que pronunciamos en el saludo mariano de la Salve. Todo ello, constituye una verdadera Semana Santa, pero  de dolor, pasión y muerte.

Pero no quisiera dejar en al aire e inundando el ambiente, con este manifiesto, una sensación de pesimismo que sólo nos valdría para calificar la Semana Santa como un acontecimiento festivo que se celebra, año a año y de manera cíclica se repite sin ningún sentido trascendente, sino todo lo contrario, pues si ante este panorama tan obscuro y tenebroso no viésemos la luz que siempre nos alumbra cada nueva primavera, estaríamos desechando el mensaje de esperanza que nos conforta la lectura del Nuevo Testamento, archivo de una realidad histórica y fuente de vida y de gozo.

“En verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará; os entristeceréis pero vuestra tristeza se hará gozo” dice Jesús y da testimonio de ello S. Juan Evangelista (16-20)

Por eso quiero en mis palabras transmitiros un mensaje de esperanza a los padres para que tomen conciencia de la realidad y de la situación a la que nos enfrentamos, y a sus hijos, a esa juventud a la invito a adoptar un modelo personal responsable de entender la vida, con sentido crítico hacia vuestros problemas, que os haga alcanzar una actitud consciente por el legado recibido de nuestros antecesores, padres, abuelos.., legado  con el que supieron dar nacimiento a una cultura que, relacionando fe, historia, tradición, y arte  alrededor de Jesús crucificado, concedieron especial significación religiosa a la Semana Santa, forjando a través de los siglos una llamativa implicación social, sobre todo a través de las cofradías que, organizando sus desfiles procesionales, son las protagonistas de su celebración.

Una cultura que abarca todos los órdenes del arte desde el románico hasta las más recientes corrientes vanguardistas en la pintura, escultura y arquitectura: ¿Quién no reconoce la última cena de Leonardo Da Vinci, presente en infinidad de hogares cristianos, el corpus hypercubus de Salvador Dalí, o las grandes obras pictóricas de Velázquez, El Greco, Goya, Murillo o Zurbarán, o las escultóricas de la  Piedad de Miguel Ángel; el descendimiento de Cristo, en el claustro de Santo Domingo de Silos, o las obras de las escuelas castellanas y andaluzas, por un lado de Juan de Juni, en Valladolid, de mitad del siglo XVI, de Jesús del gran Poder, en Sevilla, de Juan de Mesa siglo XVII, o las esculturas barrocas de finales del siglo XVIII y principios del XIX de Salziillo y su escuela? . Y todo ello, teniendo como archivo y refugio en los grandes museos, pinacotecas y las obras arquitectónicas de las majestuosas catedrales e iglesias: románicas, góticas, renacentistas y de todos los estilos, y para muestra, nuestra arciprestal de San Martín.

Una cultura que rompiendo todos los cánones,  irrumpió en el mundo de las letras y la música, dejándonos desde el arte mayor alejandrino, en la métrica poética, nacido en los monasterios con Gonzalo de Berceo, en los siglos XII y XIII, pasando por el arte menor, del vivo sin vivir en mí, de Santa Teresa de Jesús, siglo XVI, a los inmortales poemas del siglo XX de Antonio Machado o de D. José María Pemán, y cuyos textos armonizados musicalmente ambientarán las calles de nuestra ciudad: marchas procesionales fúnebres de Beethoven y Chopin con otras como Mater Mea, Mektub, Oremos, Reina Macarena, la Madrugá, Cristo del Perdón, Jesús Preso y La Muerte no es el Final, nos invitarán al recogimiento, reflexión y sentimiento de una paz interna convocándonos a la contrición sus múltiples contenidos polifónicos.

Un mensaje de esperanza y de gozo que se acrecienta todavía más, cuando, Él mismo, antes de ir al Padre, dando testimonio, de nuevo Juan, díjole a Tomás: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. Rotunda expresión de manifestación de la vida que complementan y dan riguroso sentido a la Semana Santa, pues si después de la pasión y muerte se manifiesta la vida, solo ésta, puede comprenderse si es a través de la Resurrección, aspecto fundamental y categórico que junto con la pasión y muerte, completan ese ciclo asimétrico que transcurre como el tiempo, y al igual que lo hace la noche con el  día. No existe retorno ni inversión en su orden, pues sin la pasión no se alcanzan la muerte, sin la muerte la Resurrección y  sin la Resurrección la Vida, una Vida con mayúsculas, una Vida como rúbrica de la licencia a la Salvación por la Redención. La Resurrección llenó de Vida la existencia del hombre, proponiéndonos la cruz, como respuesta ante cualquier desfallecimiento,  dejándonos en ella su carne como manjar y su sangre como bebida, esa cruz desde donde tiende su mano para encontrarle todo aquél que lo busque y el lugar donde se grabó la huella imborrable del  camino hacia el Padre: Coge tu cruz y sígueme.

Son Pasión, Muerte y Resurrección tres verdades plenamente colmadas de razón, en la fe, pues como dice Simone Weill, filósofa francesa de principios del siglo XX, activista en defensa de los derechos de la mujer, que publicó su ateísmo, hasta poco antes de morir, y que pidió ser bautizada después de visitar la pequeña capilla románica de Asís donde, tan a menudo, rezó San Francisco y que le incitó a decir: “Allí, algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi vida, a ponerme de rodillas y al año siguiente, tras asistir a los oficios de la Semana Santa en la abadía  benedictina de Solesmes, sintió la presencia de Dios manifestando: “Sentí una presencia más personal, más cierta, más real que la de un ser humano, inaccesible tanto a los sentidos como a la imaginación, análoga al amor que se transparentaría a través de la más tierna sonrisa de un ser amado. Desde ese instante, el nombre de Dios y el de Cristo se han mezclado de forma cada vez más irresistible en mis pensamientos”.. Por todo ello concluía: Aplicar la razón natural a los misterios de la fe,  produce herejía, pero cuando, éstos, se separan de toda razón, ya no constituyen misterios, sino absurdos. “ .

Pero no sólo estos argumentos de espiritualidad revelan la existencia inequívoca de Dios, sino también la historia de la ciencia donde se exponen de forma evidente manifestaciones de grandes científicos, por citar, a Joanes Kepler cuando escribía la Armonía del Mundo, o Isaac Newton, quizás el más grande de la historia de la Física, y así lo reconocen innumerables científicos de vanguardia, quién después de enunciar la ley de gravitación universal, en su obra El sistema del Mundo, reconocía la Grandeza de Dios y decía:

“Solo he descubierto las piedras más brillantes halladas en la playa del inmenso océano de la verdad”. O las del  científico John Archibal Wheeler, Profesor de Física de la Universidad de Princeton y coautor, con Bohr, del mecanismo de la fisión nuclear, quién cita las palabras que Albert Einstein mandó esculpir en la chimenea de la Sala de Profesores, en Fine Hafi: “Dios es profundo, pero no malicioso”; y lo afirmaba como acto de renovación en la fe y en el poder de la razón humana para comprender a la Naturaleza, manifestando, pues, que también la ciencia sin fe anda renqueante. Y como colofón, disuelve las divergencias el Papa Juan XXIII, con motivo de los viajes espaciales, el 13 de agosto de 1.962 declarando: “El hombre, sin distinción de raza o tendencia política, al explorar los espacios interplanetarios, cumple una parte de su vocación divina y realiza, tal vez sin saberlo, un designio de Dios”.

Por lo que si un día la ciencia creyera haber resuelto todos los problemas, humanos y divinos, seria señal inequívoca de que había errado en su camino.

Hoy, cuando los alimentos principales  en el desayuno comida, cena y el despertar mañanero de más del 75% de los jóvenes son los móviles e internet, el Papa Francisco, bajo el título de “La Comunidad Humana” envió una carta al presidente de la Academia pontificia para la defensa de la vida, fundada hace 25 años por San Juan Pablo II, para reunir a teólogos, biólogos miembros de otras instituciones de creyentes y no creyentes para su promoción y protección frente al aborto y eutanasia, así como para impulsar la grandeza de la juventud frente a los abusos sexuales, por algunos miembros, de la comunidad eclesiástica, celebrándose hace un mes el encuentro del Papa Francisco con los Obispos representantes de todas las Conferencias Episcopales para analizar el drama reflejado en la vida de la Iglesia y con ello prevenir, curar y ayudar a las victimas colaborando con las autoridades civiles., para no mirar al hombre como ser aislado sino como miembro de una comunidad con significación especial a la familia humana y que los nuevos desafíos tecnológicos, redes sociales, tecnologías de la comunicación y Robótica no se conviertan en la nueva religión de nuestro mundo, sino que teniendo al hombre como referencia lo libere y no lo esclavice.

Por eso, próxima la Semana Santa y fuera de toda duda la autenticidad de su divino magisterio, pregono y solicito de todas las cofradías y de este grupo de entusiastas y apasionados jóvenes, de la JJCC, convoquen, con el mayor empeño y énfasis posible, a cada uno de los efectivos comprometidos con los mismos propósitos,  para que engalanen los tronos e imágenes y pongan ante nuestros ojos la hermosura creada por escultores, diseñadores, tallistas, bordadoras, orfebres y otros artesanos que alcanzando cotas universales, como decían los platónicos, en sus obras engendran amor.

Que la Semana Santa Callosina imite al bello paisaje  del  cielo estrellado en sus noches serenas, porque ya se acerca el tiempo, el tiempo de tambores y cornetas, de cirios y palmas, de bellos trajes y peinetas, de entrega, sacrificio y penas, pero de alegría y gloria de Esperanza y Vida por una Muerte y Resurrección ciertas. Se acerca el tiempo de tradicionar, de pasar el testigo a quienes nos procedan, de acompañar a nuestros hijos al lugar de salida, a nuestras hijas, todas de hermosura sin igual, con su traje oscuro a acompañar al Cristo, a la Dolorosa, Soledad y Ntra. Sra. de La Esperanza Macarena.

Que la tradición de los rezos del Vía Crucis por los devotos de Juana Ángela Godoy García, la llamada Beata Godoya y la espectacular bajada de la Virgen de los Dolores, sean un  prólogo enriquecedor del Domingo de Ramos, primer día de la Semana Santa, en el que recibamos a Jesús Triunfante con palmas y olivos y que en todas las calles de nuestro pueblo se respire el aire fresco de la nueva primavera y el sol radiante haga brillar la hermosura de su trono y el ondear de sus palmas. Y en la tarde, en el escenario de muestra plaza central, cuando el sol busque su ocaso y marcando el ritmo, paso a paso, costaleros de la Virgen de Los Dolores y costaleras del Cristo del Perdón , pondrán frente a frente, a la que se sintió esclava del Padre con la carne de su carne, en un espectacular encuentro para a continuación, como testigos reales del acontecimiento, se de paso a las Santas Marías de Cleofás y Salomé que junto con  María de Magdala y San Juan,  luciendo el arte en sus tronos y recordando la triunfal entrada con su estilada palma, cubran el recorrido con una grandiosa nube  de niños callosinos  ausentes de los inmorales peligros, repletos  de  alegría, sin límites, por sentirse participes de la Semana Santa, y escoltando a la Virgen de Los Dolores, la belleza callosina que, iluminada con cirios, hará brillar los primorosos negros de sus vestidos, en rasos y terciopelos, coronándose con la española mantilla, para dar cierre al desfile, su majestuoso trono portado por costaleros.

Recordaremos a los amigos de la Orden franciscana Seglar, que lunes,  bien caída la tarde, desarrollarán la actividad más remota y sencilla de la Semana Santa: el rezo del Vía Crucis, dando vida a la Pasión y Muerte de Jesús. Senderos de antorchas iluminarán las calles de Callosa,  grupos numerosos de nazarenos llevando grandes cirios y cruces penitenciales, con tambores y timbales, romperán el silencio de las noches, son los Nazarenos de Cristo, con su escultórica imagen del Cristo de la Caída, las Hermandades de los Moraos con los pasos de la Verónica y Santo Calvario, y la Cofradía de las Siete Palabras que con su Cristo titular reflejarán escenas de la pasión que serán admiración de la concurrencia. Seguirá  la procesión de la Pasión de Cristo: la Hermandad del Silencio y la Cofradía del Ecce Homo con sendos grupos escultóricos de la Oración en el Huerto, del Ecce Homo y de la Flagelación.  Con finura y el rojo pasión de los claveles se engalanará  el trono del Nazareno, y con el delicado y sedoso blanco María Santísima de La Amargura, seguirá la Cofradía de la Santa Cruz con sus  pasos del Cristo de la Agonía y  de la Virgen de las Angustias, dejándonos en el aire al finalizar, el anuncio del nuevo día, el que reluce más que el Sol, ese día en el que, Jesús, queriéndose humillar, ante sus discípulos lavándoles los pies, los reunió alrededor de su mesa para anunciarles el mandamiento nuevo y mostrarles el sacramento de nuestra fe: La institución de la eucaristía.  En la misa el apagado sonido de la madera sustituirá al metálico de la campanilla, desde el gloria hasta el gloria de la resurrección, y el recordatorio de los dulces clavos, cruz, corona de espinas y dulce nombre de Jesús, ante el majestuoso Monumento, en el tradicional rezo de las Estaciones.

Bien entrada la noche con las luces de candeleros y entre claveles, gladiolos y orquídeas blancas, hará su aparición Ntra. Sra. de la Esperanza Macarena., portada sobre los hombros de un grupo de jóvenes costaleros que, elevándola al grito de: ¡Al cielo…!, con música y cánticos religiosos de pasión y acompañada por cientos de fieles ataviados con oscuras ropas de duelo, ofrecerán un escenario de recogimiento y pena, ambientado por sensaciones de paz y sosiego envuelto en el silencio de la noche; y con reiteración constante será, de nuevo la cruz, que llevando muerto a Jesús, el de la Hermandad del Silencio y Oración en el Huerto, la que demande, a la multitud acompañante, de nuevo el silencio, para finalizar, en sepulcral ambiente, con alocución y Credo.

Sendas comitivas, desde el Convento y Ermita de Los Dolores, saldrán para su encuentro en el Calvario. Es una ceremonia de gran tradición: Las Santas Marías, La Magdalena y San Juan, que acompañando a la Virgen de los Dolores, iniciarán la subida hacia el Gólgota para contemplar la llegada del Hijo y reproducir oralmente el encuentro de Jesús, con su Madre, preámbulo de su crucifixión y muerte. Todo ello, al amanecer del Viernes Santo y después, en espectacular bajada, con sonidos de tambores, timbales y cornetas, cánticos de la Pasión darán por finalizado el desfile.

Con el sermón de las Siete Palabras, traslado del Cristo al Convento y la posterior procesión general, cientos y cientos de cofrades  mostrarán, al público espectante gran parte del patrimonio cultural que atesora nuestro pueblo.

En la tarde-noche del sábado, la Junta Central y representantes de las cofradías iniciarán el desfile del Santo Entierro: El Cristo yacente, ya en el Sepulcro, paseará  las calles para anunciarnos que la muerte no es el final, dos filas numerosas de hombres ataviados con trajes negros formarán el cortejo, mientras que más de 60 costaleros, uniformemente vestidos, soportarán el pesado trono que, escoltado por ángeles del cielo y por la Benemérita Guardia Civil, irá sembrando de emoción incontenible, su paso, emoción acrecentada por la presencia de la Soledad que, sobre trono repujado en plata, mostrando los clavos y espinas como prueba de la brutal tortura, se verá acompañada por innumerables mujeres callosinas que con cirio en mano y derramando encanto y finura formarán, a ambos lados, la comitiva.  Las más altas autoridades civiles y eclesiásticas locales, presidirán el séquito.

Y llega el acto principal que traerá de nuevo la desbordante felicidad y te toca a ti, Antonio, que vas a tener el privilegio de protagonizar ese mágico y singular momento del encuentro de María con Jesús Sacramentado. Todos los callosinos presentes, gritaremos, al unísono, el sentido ¡Viva…! por ver renacer la luz y cambiar, en nuestra Eterna Madre, el silencioso llanto, por el abundante gozo y alegrías  de un pueblo, al quitarle el manto. Una lluvia de festivos motivos con el estruendo sonido de fuegos artificiales te harán sentir, de nuevo, protagonista de un cambio radical en los decorados de la vida ordinaria: la música fúnebre que sólo pregonaba muerte, se tornará en la obligada Triunfal para cantar al Amor de los Amores y anunciar que Dios está aquí, para glorificarle y adorarle, y para dejar, entre nosotros, a Cristo Redentor. Cambiarás la negra bandera por blanca y al ondearla anunciarás el triunfo de la vida sobre la muerte.

Con la alegría de la Resurrección lloverán las aleluyas al paso de la Virgen del Amor Hermoso y del Resucitado, una lluvia de caramelos hará felices y las delicias del público espectante y las alegres melodías pregonarán ya el comienzo de la nueva Pascua, la Pascua de Resurrección. ¡Qué gran Semana Santa…! ¡Cómo anhelamos el descanso que espera..!, descanso que he patentado, con la venia de todos los presuntos implicados, como modelo Semana Santa, es decir, que nos permita dormir en Cruz..!. Todos los esfuerzos y luchas diarias, como los pequeños sinsabores, habrán valido la pena. Serán momentos de hacer el balance estelar que todos los años sustituye a las dudas e inquietudes que siempre acompañan sus comienzos.

Sin embargo, todo llega a  su fin y voy a terminar, queridos amigos, pero ruego me permitáis dos reflexiones: Una al pasado y otra al presente…, volver al pasado…, al recuerdo de, aquéllos otros, que con su ilusión y esfuerzo sin límites, sin excluir a nadie, colaboraron bien como partícipes pacientes, bien con cargos de responsabilidad, pero todos con el espíritu puesto en esta gran obra, de la Semana Santa, y que contribuyeron a conseguir los logros alcanzados. Sin ánimo de herir susceptibilidades e imposibilidad de nombrarlos a todos, por innumerables, las circunstancias si me obligan a hacerlo con los callosinos:  José Samper Manresa, José Serna Flores y Matías Bernabé Murcia ; Francisco Estañ Ruiz, Manuel Maciá Estañ, José Marco Marco; Juan de Dios Castillo Salinas; Rosita Ruíz,  José María Gómez Seva, Adrián Prieto, Jesús Martínez Peñarrubia, Vicente  Rocamora García,  José Luís López Fajardo (El piqui), Rosarín Pineda Poveda, Manuel Gómez Salinas; Manuel Samper Albert, Manuel Ruiz Estañ, Ángel Estañ Samper, Antonio Samper Estañ, José Amat Soriano, Manuel Salinas Navarro, Manuel Grau Cruz,  Alberto Cascales Sánchez y Luis Enrique Galiana Manresa,

Otros partícipes pacientes para citar, en el recuerdo, como lo fueron José García Martínez (“Costones”); José Berná “El Chinel”, Salvador Ferrández Estañ, “ Reina el Pipón” sí, partícipes pacientes, que lo hicieron con la Virgen de Los Dolores o en el Vía Crucis, así como un recuerdo  muy especial de “Faelo “ el que tantas veces rompiera el silencio, con el sonido del instrumento tubal, la noche del Jueves Santo. Todos ellos, porque sobre sus hombros, supieron soportar el peso y las inclemencias, de una promesa o necesidad, a cambio de un desventurado pago o por la adicta ración del día. También, al Siervo de Dios Cayetano Perea García, que todas sus riquezas las llevaba siempre prietas en sus manos: el misal y el rosario que rezaba, repetidamente de rodillas, en este lateral de la nave central, e hiciese, varias veces, de cireneo ayudando al tío Carlicos que, con su barba grisácea, tantos años soportara la Cruz para cumplir lo prometido y al que tuve el privilegio de presentarlo y glosarle, hace unos años, con motivo de un pequeño homenaje, en el Club de Fomento y Desarrollo.

Y en el presente que disfrutamos, en estos momentos, porque creo en la Comunión de los Santos y sentían un gran amor por la Semana Santa: Mis padres, sí en estos momentos, Manuel Serrano Valero y Carmen Estañ Samper que me dieron la vida y se sacrificaron lo indecible por mi futuro y el de mis hermanos; a Fernando Iñigo Belda y Esperanza Ramón Galán porque al pisar el portal de su casa, no solo me abrieron las puertas sino sus corazones. He de confesaros, amigos todos, que iba a adularlos, pero la emoción me comprime la garganta y me lo impide, porque sé que están aquí, y nos miran desde los cielos, todos los nombrados, sin excepción, porque es muy sencilla la respuesta, al menor o ínfimo arrepentimiento, de la bondad de un Padre Misericordioso, pues de lo contrario, me estaría preguntando continuamente que: ¿para quienes van ser estos privilegios?

Termino el reparto de esta sencilla obra dedicada a todos ellos; a los que han promovido la aparición de María Stma de la Victoria y a todos los que se ilusionaron al saber que iba a pregonar esta Semana Santa: mis hermanos, mis cuñados y cuñadas, primos y sobrinos y compañeros de la Cofradía. También especialmente a mis hijas Natalia y Esperanza, esposo y nietos Fco. Manuel, Valeria, Alejandro Ruiz Serrano y Alejandro Martínez Serrano, que han hecho suyas mis inquietudes por superar las dificultades y porque, a la vez, que salieron de sus labios sus primeras palabras: mamá y papá, al verme, con las alegrías de sus miradas me estaban diciendo abuelo; y hoy, a la Jefa de Dirección, por supuesto, mi esposa Esperanza, pues sin ella no soy nada y a todos Vds. y televidentes de TeleCallosa, porque si ellos me abrieron sus corazones, todos Vds. y lo agradezco infinitamente, habéis podido soportarme, pacientemente, en cuerpo y alma.

Muchas gracias.

¡VIVA LA SEMANA SANTA!  ¡VIVA CALLOSA…!

D. Manuel Serrano Estañ.   

6 de abril de 2019

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