EL ESJATO EVANGELIO DE LAS MARÍAS

Callosa de Segura, 17 de marzo 2018

διάταγμα Καίσαρος.

ἀρέσκει μοι τάφους τύνβους

τε οἵτινες εἰς θρησκείαν προγόνων

ἐποίησαν ἢ τέκνων ἢ οἰκείων,

τούτους μένειν ἀμετακεινήτους | τὸν αἰῶνα·

Edicto de César:

Tengo a bien que los sepulcros y las tumbas

…. permanezcan siempre sin tocar.

Excmas. e Ilmas. Autoridades

Estimados compañeros sacerdotes: D. Juan Bautista, D. Manuel y D. Marcos

Estimada Dama Portaestandarte 2018, Dña. Rocío Pajares Salinas

Estimad0Nazareno de Honor 2018, D. Moisés Marco Ruiz

Estimados: Sr Presidente de la Junta Central de Semana Santa: D. Manuel Mora Manzanaro y Sr Vicepresidente: D. Antonio Ballester Manresa

Cofrades y Amigos todos de esta Callosa tan querida.

Sras. y Sres. BUENAS NOCHES…

El año 1879 llegaba a la Biblioteca Nacional de Francia en Paris una curiosa lápida de mármol  de  61×38 centímetros con una inscripción en caracteres griegos. Esta placa había sido descubierta el año anterior por el arqueólogo Dr. Greisler, y la había descubierto curiosamente  en Nazaret, y así fue catalogada por  el profesor Frohner  en los fondos del Museo del Louvre con el título ‘Decreto de Nazaret’.

El texto completo editado por Hondius en Supplementum Epigraphicum Graecum VIII, n. 13, dice así:

[1]Edicto de César:

Tengo a bien que los sepulcros y las tumbas

que se hicieran para el culto de los antepasados,

de los hijos o familiares,

permanezcan siempre sin tocar.

Y si alguien denuncia a alguno

que haya destruido o echado fuera

de algún otro modo a los sepultados,

o les haya trasladado de lugar

con dolo malo para injuria de éstos,

o haya trasladado de lugar las lápidas o los cipos,

ordeno que contra dicho individuo se haga un juicio

Que nadie le sea lícito en absoluto trasladarlos de lugar.

Y si lo hace, quiero que se le condene a muerte

bajo el cargo de profanación de sepulcros.

El análisis paleográfico de la inscripción nos sitúa en la primera  mitad del siglo I de nuestra era, entre los emperadores  Tiberio, Calígula o Claudio. Todo apunta a que fue decretada alrededor del año 50 por el emperador  Claudio. La razón principal es porque la pieza fue descubierta en Nazaret y el territorio galileo, en donde estaba situado el entonces pequeño pueblo de Nazaret,  sólo estuvo bajo dominio imperial a partir del año 44, época en que gobernaba Claudio.

Una lectura atenta de lo escrito en esta lápida nos puede provocar una pregunta curiosa y a una extraña sensación.

¿Por qué Claudio, emperador de Roma, con un vasto territorio, repleto de pueblos y culturas diferentes, decide colocar una lápida en una aldea perdida de Israel como era Nazaret? ¿Qué es lo que hace grande a Nazaret ante el emperador? ¿Qué ha pasado allí?

Y lo más extraño… ¿Por qué ese edicto habla de profanación de tumbas, de muertos que son traslados de lugar…? ¿De qué tumbas hablan? ¿Quién ha robado muertos de las tumbas? ¿Quién ha vaciado tumbas dejándolas vacías? ¿Qué tumba han profanado que merezca tal respuesta? ¿Cómo puede interesarle al emperador Claudio que en una aldea insignificante no encuentren a un muerto en su tumba?

Me pudo la curiosidad y decidí investigar de qué se trataba y por qué el emperador quiso darle tanta importancia. Algo singular tenía que haber ocurrido en Nazaret. Sabía por Suetonio, historiador romano, en su libro: Vida de los Doce Césares, que Claudio “Judaeos impulsore Chresto assidue tumultuantes Roma expulit[2]”, es decir, que Claudio “expulsó de Roma a los judíos porque se sublevaban continuamente a instigación de un cierto Crestos”. No sabe ni decir el nombre. Pienso que se refiere a “Cristo” y que está haciendo referencia a una polémica entre judíos y cristianos en la Roma de los años 50. No sabemos exactamente qué información le llegó al emperador sobre Cristo, y los cristianos.  Tan sólo tenemos estos dos datos: el decreto de expulsión de Roma de todos sus seguidores y la lápida encontrada entre las ruinas de Nazaret.

Guiado por mi curiosidad decidí acercarme a la tierra misteriosa. Y a ella os invito en esta noche conmigo, a recorrer aquellos mismos paisajes que recorrió el “Cresto” de Claudio o el Jesús de Nazaret, como le llamamos nosotros. Os invito a realizar una procesión imaginaria y devota, como si todos fuéramos una gran y única cofradía, peregrinando a los lugares santos que nos dieron nuestra salvación.

No pregunté a hombres. No quise.

Era difícil encontrar un camino de verdad entre tanto traidor, renegado o simplón opinador que sólo entiende de juegos y de vinos….

Pregunté a las mujeres… ellas siempre fieles, siempre valientes, sabrían darme alguna pista que lleve a entender por qué el emperador decidió condenar a los profanadores de tumbas.

Encontré tres mujeres especialmente veneradas una Cafarnaún, María Salomé, madre de dos discípulos de Jesús, Juan y Santiago. Otra la encontré en Magdala, María por nombre también. Y finalmente, en Jerusalén, ya anciana, a la Madre, María de Nazaret.

Con las tres conversé y de las tres aprendí.

Y el escrito que os ofrezco son tres colaciones o diálogos con estas tres grandes mujeres, que como esjatoevangelio  o testamento final, han querido testimoniar lo que fue, de lo que es, y de lo que será la verdad de Jesús, profeta de Nazaret, el de la tumba vacía, el que vive para siempre….

COLACION Iª

MARÍA SALOMÉ, ESPOSA DE ZEBEDEO Y MADRE DE SANTIAGO Y JUAN

Llegó igual que se fue: una tarde de primavera.

Le vimos bajar desde la Vía Maris

sonriendo a la vida, a las cosas y a los hombres.

En sus ojos llevaba toda la luz del mundo.

En su mirar profundo y sereno

percibías que estabas ante alguien excepcionalmente grande y maravilloso.

Se detuvo junto a la playa… Acarició el agua del lago y todo se hizo espuma blanca.

Llegó donde mis hijos y los vi hablar con él. Oía sus risas y sus júbilos.

De repente, mano al hombro, los vi marcharse con él y perderse entre las arenas.

Ya no lo dejaron. Caminaron con él y se llenaron de su luz y de su palabra.

Con él llegó la risa y la vida. A los pocos días, Cafarnaúm era una fiesta.

Y mi casa…, ¡no quiero ni pensar!,

¡Mi casa se convirtió en el corazón del mundo

y escenario de lo más bello que jamás el hombre puedo sentir!

Se llenó mi casa de amigos, y de amigos de los amigos.

Tras las faenas, a la caída de la tarde,

llegaban hasta mi casa ríos de  personas con deseos de conocerlo.

¡Qué tardes tan hermosas donde la palabra triunfó sobre el silencio

y los hombres, como tierra sedienta, se empaparon de la profecía!

Allí escuché palabras llenas de fuerza y sabiduría,

colocadas con tal dulzura en los corazones expectantes que operaban el milagro.

Vi a ciegos ver…, a ciegos de la noche oscura del sinsentido y la soledad

los  vi sonreír ante la mano tendida que los alzaba para la dicha de vivir.

Vi a paralíticos levantarse de su camilla,

A parapléjicos del miedo y la necedad alzarse por la conquista de la verdad,

a  tullidos de la amargura, esos que sólo conocen el sabor de la lágrimas,

los vi caminar como hombre libres, serenos, dichosos, nuevos …

Vi a pobres sonreír por un cacho de esperanza soñada en su corazón,

vi a personas tristes y llorosas sonreír ante el anuncio de un nuevo reino

donde el hombre será más hombre y Dios eterno compañero…. amigo y padre.

Allá, sobre aquella colina, sembró a los aires nubes de palabras blancas

que llenaron los vientos de sueños e ideales, de esperanzas y ansias….

allá, fue allá,  sobre la colina de la bienaventuranzas….

Bienaventurados los pobres, los que lloráis….

– gritaba como un trueno de tormenta-

Bienaventurados los que tenéis hambre de justicia, de misericordia y de paz…,

Bienaventurados los locos, los soñadores, los ilusionados,

los que aún creéis que Dios es capaz de todo…

Bienaventurados los que estáis dispuestos a cambiar el mundo

y lucháis valientes por conseguirlo

aunque seáis por ello perseguidos por el imperio…

porque vuestro será el reino y Dios, orgulloso, os hará sus hijos.

Con él llegó el amanecer luminoso sobre la genta cansada de esta tierra.

Por fin, una voz fresca y con sabor de hombre,

convocó a la esperanza a todos los desamparados y se inició el movimiento.

Las mujeres fuimos las primeras en comprenderlo y seguirlo,

fuimos las primeras y la más fiel ayuda con la que contó.

Las mujeres nunca le traicionamos, ni le abandonamos.

Le dimos nuestros hijos, nuestro dinero y nuestro tiempo.

Y cuando llegó la hora amarga del desprecio y la persecución

fuimos nosotras, las mujeres, las que blandimos su defensa y su consuelo.

La noche comenzó ahí detrás, en nuestra sinagoga de Cafarnaúm.

Era tiempo de Pascua cuando los corazones decidieron apagar la luz de la esperanza

Y los de siempre, los enterados, apagaron la palabras del profeta..

Llegaron hasta la sinagoga muchos extraños.

Se llenó de extraños la sinagoga, de extraños y de gritos.

Eran  levantiscos de Gamala y rebeldes de Tiberíades,

un grupo sabelotodo de Betsearim y otro de enterados de Safed.

A gritos le robaron sus palabras, sus sueños y su gente.

Desnudo de soledad e incomprensión le vimos salir hacia el lago

mientras los locos seguían mordiendo la luna y devorando verdades..

Nuestros hijos y nosotras le seguimos hasta la playa.

Lloraba el profeta… herido en lo más íntimo, lloraba.

Me acerqué hasta él y limpié sus ojos con mis manos de madre y admiradora.

-No llores, Jesús, le dije, no estás solo. Las mujeres estamos contigo.

Se volvió hacia nuestros hijos jóvenes y les dijo:

-¿También vosotros queréis marcharos? ¿Pensáis que soy un loco idealista,

un cobarde romántico que sólo creo en el poder de la bondad y del amor?

¿Pensáis que sin espada no hay revolución?

¿Qué no hay otra manera de cambiar mundo que destrozándolo primero?

¿No creéis, como yo, que la espada trae espada y sólo el amor trae amor?

Entonces Simón, lloroso y trémulo, lo miró desafiante y le dijo:

-¡Nosotros no nos vamos! ¡Tú, sólo tú, tienes palabras que dan vida!

Los otros son mentira, la eterna mentira de los necios.

Nosotros, nuestras mujeres y nuestras madres estamos contigo.

Nos abrazamos entorno a él, estrechamos nuestros pechos como una piña,

y nos conjuramos bajo la luna: ¡Te defenderemos….!

Entre las familias que apoyaban a Jesús había una muy especial:

La familia de Eleazar y sus hermanas Marta y María de Betania.

Nos enteramos de la muerte de Eleazar: repentina y rápida.

Las mujeres fuimos enseguida para ayudarlas en el trance de los funerales.

Extrañamente Jesús y mis hijos no vinieron.

A los cuatro días nos llegó noticia de que subían por el camino de Jericó.

Demasiado tarde…. Marta a sus pies se lo dijo:

-¡Si hubieras estado aquí… mi hermano no estaría muerto!

-Efectivamente, Marta, -le dijo Jesús, mientras acariciaba sus mejillas repletas de lágrimas-, Lázaro viviría, el que estaría muerto sería yo. Jerusalén quiere mi muerte, Marta. Por eso he venido cuando ya nadie me espera…. Pero te digo: si tienes fe, tu hermano vivirá… Porque yo soy la vida….

Se acercó hasta la rumba.

Le vimos llorar amargamente, como nunca lo había hecho.

Hizo que quitaran la piedra de la tumba. Pronunció su nombre… ¡Eleazar!

Y se hizo el gran milagro: Vimos a Eleazar salir de la tumba,

como quien acaba de despertarse del sueño,

como quien anda buscando a tientas las cosas..

Le vimos salir de la noche a la luz, de la muerte a la vida.

Y todos creímos en Él…

No necesitó más palabras para convencernos

de que en él actuaba la fuerza de Dios.

Cuando dijo a ir a Jerusalén para celebrar la Pascua,

me acerqué hasta él para pedirle un favor:

-¿Qué quieres de mí, María Salomé?

-Como sabes mis hijos están contigo desde el principio.

Ellos te adoran. Están dispuestos a todo por seguirte,

a luchar por ti y por tu causa hasta la muerte.

Sólo te pido que te acuerdes de ellos cuando entres en Jerusalén.

Ellos te han sido fieles, te admiran y te quieren…

colócalos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

-No sabes lo que estás pidiendo, María Salomé.

Mira el camino como baja repleto de corderos.

Son los que serán sacrificados el próximo viernes.

Yo me siento un cordero más, un cordero llevado al matadero.

Tengo una angustia de muerte: creo en mi pronto final,

un duro final como el de estos corderos…

seré sacrificado para que mi sangre limpie la noche y la tierra celebra la vida.

No entendí sus palabras… Mis hijos trajeron el burrito y colocaron sobre él a Jesús.

Pronto corrió la voz por toda Jerusalén:

¡Viene el profeta, viene el profeta de Nazaret!

Con palmas y ramos salieron a su encuentro.

Lo recibieron como al Mesías de Dios, como el que viene en el nombre de Dios,

como el que trae una victoria, una buena nueva, un don para el pueblo…

Aplausos, vítores, gritos de júbilo…. Todo era una fiesta a su alrededor.

Pero Jesús iba triste. Sobre el burrito iba triste.

Le vi llorar… miraba a lo alto del cielo… y lanzaba una tenue súplica:

“Pase de mi esta hora… tengo miedo a esta hora… dame tu fuerza para esta hora..”

El pueblo y los hombres no se enteraron… creyeron el final fácil y triunfante.

Sólo las mujeres nos percatamos de sus palabras:

-Mi gloria es la del grano de trigo… si muere da fruto….

Algo grave está pasando en el corazón de Jesús,

comentábamos las mujeres, algo terriblemente grave.

Cuando el viernes dejamos el cuerpo en el sepulcro lo entendí todo:

El vino para dar su vida, sacrificado como un cordero.

Su sepultura fue como la cena pascual de la tierra,

fue alimento sabroso y brindis de júbilo,

comido y bebido por el seno de la tierra

y ésta se llenó de su hermosura, de su paz, de misma vida.

Pasada la fiesta, a los tres días, nos acercamos al sepulcro

y entonces ocurrió la gran noticia….

Vimos corrida la piedra del sepulcro

-¡No puede ser! ¡Quién ha quitado la piedra que tapa el sepulcro!

Corrimos asustadas… No había nadie. Estaba vacío…

Un fuerte aroma de rosas hacía agradable la estancia.

Y allí, en un rincón, vimos bien doblados el sudario y el paño…

¡Siempre tan ordenado, hasta en la muerte!

Después oímos la voz…

Como rumores de ángeles, como cantos de alabanza,

Como música que embriaga y emociona… oímos la voz…

-¿Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado? ¡No está aquí, Resucitó!

Decidles a sus amigos que vayan a Galilea….. Allí le verán….

Y allí le vimos y le vemos cada día…. en nuestra Galilea….

La Galilea de los primerísimos, auténticos y bellos días.

La Galilea de los inicios. La Galilea del cotidiano vivir….

COLACION 2ª

MARÍA MAGDALENA

¡Qué tristes son las noches cuando la soledad te araña el alma!

¡Qué triste es la noche cuando la vida, sin sentido ya, vacía y repleta de heridas,

tan sólo aspira a susurrar lágrimas y lamentos por existir!

Yo estaba en la noche. Vivía en la noche y en ella moría…

Teniéndolo todo: dinero, buena posición social, amigos,…

Incluso el reconocimiento de ser una mujer respetada y admirada en Magdala…

Lo tenía todo…. y no tenía nada,…

porque vivía en la noche amarga de la soledad, el vacío y la depresión.

En la noche estaba cuando oí hablar de él:

el profeta de la luz y de la palabra amiga.

No lo dudé. ¡Tantas experiencias había intentado ya y todas acabaron mal!

¡Qué más da una experiencia  nueva para buscar una salida a tu vida!

Recuerdo aquel primer día… Era una tarde de primavera, sobre las cuatro.

Estaba sentado  a la orilla del mar

mirando faenar a los hombres en las pequeñas barcas.

Miraba y sonreía…. después vi como alzaba su mirada al cielo

y, mientras cerraba sus ojos, aspiraba el aroma de la mar dulce y azul…..

De pronto, como si presintiera la presencia de alguien,

volvió sus ojos hacia mí lentamente… me miró con atención…

como quien admira, como quien desea, como quien encuentra algo bello,

Fijó sus ojos en mí y la luz entera de la tarde se coló en mi alma…

-¡Shalom, María!

-¡Oh, contesté sorprendida y torpe, sabes mi nombre!

-Y quién no conoce a María, la mujer más dinámica y alegre de Magdala…

¡Si estás en todos los fregaos!

-Necesito hablar contigo, le dije.

Y comenzamos a hablar.

Sus palabras, siempre llenas de vida y de amor, fueron iluminando mi noche…

sus palabras, como besos de ternura, curaron mis heridas,

sus palabras cargadas de mi verdad más profunda me llenaron de luz,

¡era tanta luz que aquella tarde hubiera caminado sobre el lago para ir a casa!

Desde aquella tarde hice un pacto interior:

no seguiré a otro hombre que no sea Jesús,

no seguiré a otra verdad que no sea la suya.

Viviré para aquel que llenó mi vida de ilusión, de sentido, de dignidad…

Y así lo hice.  Desde aquella tarde soy otra María:

Soy la Magdalena, seguidora y discípula de Jesús,

su más tenaz y fuerte apoyo, su más fiel y osada apóstala,

la más hermosa y enamorada memoria de Jesús.

Y como yo, otras muchas mujeres:

Le seguimos, le cuidamos, le apoyamos….. ¡Hasta el fin!

¡Sólo las mujeres fuimos el suelo firme y seguro de su camino!

Juntas constituimos una auténtica cofradía de seguidoras.

¡No le fallamos jamás!

Recuerdo que la situación llegó a un momento muy crítico y peligroso.

Desde el último otoño hasta la fiesta de la Hanuká

las discusiones de Jesús con los dirigentes fueron cada vez más tensas.

No lo entendían, no querían entenderlo. Ni unos y ni los otros.

Para unos era un cobarde, porque no aceptaba el liderazgo para la rebelión,

y para los otros, era un rebelde peligroso, capaz de destrozar el sistema

y de hacer añicos este viejo mundo en cuanto se lo propusiera…..

Los hombres estaban empeñados  en que Jesús volviera a Jerusalén.

Las mujeres, por el contrario, le insistimos en que no subiera.

Era voz pública que el Sanedrín y el poder de Roma quería su cabeza.

Las mujeres preparamos con toda ilusión la cena de Pascua.

Esa tarde estaba especialmente emocionado.

En la cocina se acercó hasta nosotras y nos fue saludando una a una.

Nos besaba en la frente, tiernamente, y sólo repetía: Todá rabá…lejitraot

Cuando llegó hasta mí, sonrió como aquella primera tarde en el lago,

Besos mi frente y mis manos, me miró profundamente,

como quien es capaz de leer todo lo que hay escrito en el alma,

y me dijo: Toda rabá, Myriam Magdala…lejitraot.. 

Gracias, María Magdalena,.. adiós.

Después de la cena, como siempre solía hacer,

bajó por la calle escalonada hacia Getsemaní, y allí entre los olivos se puso a rezar.

Descansábamos ya,

cuando de pronto llegó Juan, el joven discípulo, gritando como un loco:

-Se lo han llevado, se lo han llevado….los soldados se lo han llevado.

Fue una larga noche…  juicios, desprecios, cárcel…

Las mujeres nos quedamos en casa acompañando a la madre…

Por la mañana, a la hora tercia, nos acercamos hasta la Torre Antonia.

Lo vimos azotar…. y a cada golpe algo se rompía dentro de nosotras…

Nos apretamos a la madre, y cada golpe del flagelum,

mientras oíamos el amargo grito de Jesús,

nuestros brazos entretejieron un manto de ternura

cada vez más fuerte alrededor de la madre… hasta hacernos una con ella..

El camino hasta el Gólgota se hizo eterno…

Después los clavos y sus gritos de dolor,

que resonaban como terremotos entre las peñas de la cantera.

Lo alzaron y comenzó el angustioso final.

No podía respirar… sus ojos entre la sangre y las lágrimas estaban como ciegos.

Con cada golpe de aire exhalaba una pequeña oración a Dios su Padre…

Los soldados me permitieron acercarme hasta el madero.

Lo miraba fijamente, intentando intuir su palabra, aquella que tanta vida me dio,

Buscaba su mirada, aquella que iluminó mi noche…

-Tu mano, María, necesito tu mano…

Me acerqué hasta la cruz y, mientras le miraba,

puse tiernamente mi mano sobre su pie ensangrentado.

¡Cuántas  veces había acariciado su cara cansada y sudorosa!

¡Cuántas veces me senté a su lado para hablar de risas y sueños,

y aliviarle así de tanta presión y sinsabores!

¡Cuántas veces lave sus manos con mis lágrimas y las besé con adoración!

Y ahora, estas manos impotentes, frágiles y tiernas

acarician los pies del profeta, que anduvo por los corazones sembrando vida.

Sentí su muerte como la mía, con un dolor de parte a parte.

Lo enterramos cerca, en una tumba nueva.

Y mientras Jerusalén cenaba el cordero pascual

y la noche reinaba en su oscuro reino,

allende las murallas, bajo la tierra, banqueteaba la materia entera

a aquel que se hizo cordero para dar plenitud al alba.

Pasaron tres días. Pasó la Pascua, el dolor primero y la noche…

Amanecía cuando llegaba a la tumba..

y, oh sorpresa, estaba abierta,  abierta y vacía.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Jesús?

¿Quién se ha llevado su cuerpo, aquel que despertó mi vida y mis sueños?

En esto andaba cuando le vi junto a la tumba sin reconocerlo.

¡Tanta es la belleza del que vive para siempre que no supe reconocerle!

Estaba allí a la puerta de la tumba, hecho primavera ya y toda luz…

-Shalom, María Magdalena…

– Rabboni  Yeshuá, Rabboni Jeshuá, y me abracé él loca de alegría.

-Ya ves, María, lo más importante de la vida no es el inicio sino el final,

Lo importante de mi historia, de cualquier historia,

No es cómo comienza, sino cómo termina… Es la resurrección…

Ahora ve a mis amigos y a mis enemigos y se para ellos mi memoria viva.

Que mi vida en la tuya sea recuerdo enamorado y palabra salvadora…

Que en tu canto y en tu risa y en tu bailar… en todo lo que hagas y vivas,

viva yo, cante yo y ría yo…. yo en ti (vivo y resucitado) y tú en mí….

Y ahora tú, mujer, apóstola y testigo, ¡¡corre…. corre!!

convoca a mi iglesia y diles: “En la Galilea os espera el que es primavera”.

COLACION 3ª

MARÍA, LA MADRE

Ahora y siempre,

tanto en los días luminosos cuando Jesús era niño,

como en las noches duras de su pasión,

siempre y en todo momento:

mi alma cantado la grandeza del Señor

y mi espíritu se goza y descansa en Dios, mi salvador.

Desde niña pequeña mi vida siempre ha estado abierta y pendiente de Dios.

La fe, como sed y ansia profunda, sólo la fe guió mi vida.

No busqué glorias, ni héroes, ni amores, ni riquezas…. sólo la fe.

Por fe, siendo joven desposada, ofrecí mi cuerpo para ser madre

y puse mi vida al servicio de un sueño de fe: criar al mesías.

Por fe, José, porque creyó a Dios,

y, más aún porque creyó en mí su prometida, se desposó conmigo,

y juntos construimos un hogar feliz y sencillo en Nazaret.

Allí, en la cotidiana Nazaret, floreció el amor, la paz, la alegría, el trabajo…

Allí el Hijo de Dios aprendió a ser Hijo del hombre, hermano y familia….

Aún recuerdo aquel abrazo entre madres en la montaña de Judá,

Isabel mayor y embarazada, con el profeta dentro,

y yo joven y madre, con toda la profecía dentro de mí….

“Dichosa tú que has creído… –me dijo- Dichosa tú, María, por tu fe….”

Pero el camino de la fe no fue fácil, nunca fue fácil.

La fe crece en las pruebas, se hace grande en las dificultades,

y brilla como verdad luminosa y vital tras las crisis…

Desde  el principio, tanto José como yo,

éramos conscientes de lo especial del niño.

A los cuarenta días subimos al templo  para la ceremonia de Pidión Habén.

Aún recuerdo a José, emocionado y orgulloso,

-¡que guapo iba aquella mañana!-

con las cinco monedas en una mano y con el niño en la otra:

-¿Qué prefieres, entregarme a tu hijo o redimirlo?, le preguntó el sacerdote.

-“¡¡Redimirlo! ”, dijo José, y bendijo a Dios: Baruj¡ atá, Adonai, Eloheinu, melej haolam, … Bendito eres Tú, Señor, nuestro Dios, Rey del Mundo….

A la salida del templo, tras el Pidión Habén, todos nos felicitaron.

Pero, José y yo sabíamos en nuestro interior

que, aunque habíamos rescato a nuestro hijo, Jesús, siempre sería de Dios.

Y así nos lo hicieron saber en las escalinatas del templo Simón y Ana,

dos ancianos cargados de sabiduría, de fe y de Espíritu:

-Este hijo vuestro será una bandera discutida,

Muchos caerán y muchos se levantarán por su causa.

Y a vosotros os hará sufrir, será una gran prueba de fe,

como si una espada atravesara vuestro cuerpo….

Pero, yo ya puedo dormir en paz porque mis ojos,

mis viejos y cansados ojos, por fin han podido ver al que es la luz del mundo.

Pasamos largos años de felicidad y vida tranquila en Nazaret.

Fueron años donde construimos juntos los cimientos sólidos de la fe…

Lo hicimos dialogando serenamente, audazmente, críticamente.. en familia.

Lo hicimos rezando, celebrando la vida de nuestro pueblo, en familia…

Lo hicimos compartiendo, ayudando,

acercándonos al sufrimiento y a la enfermedad en familia…

Siempre en familia…. unidos en familia…

Siempre en familia: Trabajamos, celebramos,

luchamos, lloramos y reímos en familia….

Treinta largos y hermosos años de familia

en el silencio y sencillez de Nazaret.

Enterramos a José, el Justo, en el viejo cementerio, muy cerca de casa.

El día que Jesús decidió comenzar una nueva etapa en su vida

Nos acercamos los dos a la tumba de José….

Jesús me cogió las manos, y entre lágrimas, me besó y dijo:

-Todá…, ima María…  -y mirando la blanca y fría lápida, susurró-,

Todá… abá José.. leitraot…

Ahora, imá María, me toca ocuparme de las cosas del Padre Dios.

Aquella mañana lo vi perderse por el camino de las huertas

con el sol en su frente y el alma repleta de luz….

-Leitraot… ben Jeshuá, susurré entre lágrimas.

Al poco llegó la noticia a Nazareth: Jesús es un profeta..

Las multitudes se acercan a escucharlo y despierta curiosidad y admiración…

Con María Magdalena y el grupo de mujeres

me convertí en una discípula y admiradora más.

No quise privilegios, ni coronas, ni glorias, ni bellos mantos….

como siempre, sólo la fe guiaba mi vida, sólo la fe…

Junto con ellas fui testigo de grandes signos de mi Hijo…

El primero, en Caná, tuve que animarlo un poco…

Bastó una pequeña sugerencia mía y él hizo el milagro:

el agua reservada para el viejo rito convertida en vino nuevo y aromático,

de su mano y su voz  triunfó el amor y la fiesta….

Siempre me pregunté por qué los hombres prefirieron la muerte a la vida,

por qué optaron por la oscura y fea noche

en vez buscar la alegría y la belleza de la luz….

No puedo decir quién, ni por qué… Nunca he buscado culpables por lo ocurrido.

Sólo sé que no creyeron en él, ni en su palabra ni en sus obras…

Y lo mataron, con la peor de las muertes, la más vil y cruel, así lo mataron..

Se lo quitaron de encima, como quien se quita un vestido manchado,

como quien arroja a la basura el cacharro inservible y roto…

Lo mataron sin pena, sin remordimiento, sin orgullo…

Aquella tarde de Pascua, mientras degollaban los corderos,

morimos los dos… mi hijo en la cruz y yo en la piedra del Gólgota…

Ambos entregamos nuestras vidas.

Nadie nos las quitó, nadie nos las arrebató. Las ofrecimos, las entregamos…

¿Por qué? Para demostrar un gran amor….

En el momento más importantes de la fe

no bastan las palabras y los signos se quedan cortos…

En la gran prueba de la fe, sólo se vence con una fe mayor,

Con un amor mayor, con una entrega mayor…

Yo no necesité ir al sepulcro para ver la tumba vacía…

Ni necesité la voz del ángel anunciando la resurrección…

Ni el signo de la aparición luminosa en las orilla de la muerte…

Sólo la fe ha guiado mi vida, y sin ver, sin querer ver, creo y veo…

Y mi alma sigue cantado la grandeza del Señor, sin ver,

y mi espíritu se sigue gozando y descansando en Dios, mi salvador, sin ver…

Sólo la fe… ni más camino, ni más meta.. sólo la fe. Amén, Amén.

[1] διάταγμα Καίσαρος. ἀρέσκει μοι τάφους τύνβους / τε οἵτινες εἰς θρησκείαν προγόνων

ἐποίησαν ἢ τέκνων ἢ οἰκείων, / τούτους μένειν ἀμετακεινήτους | τὸν αἰῶνα·

ἐὰν δέ τις ἐπιδίξῃ τι-|νὰ ἢ καταλελυκότα ἢ ἄλλῳ τινὶ | τρόπῳ τοὺς κεκηδευμένους | ἐξερριφφότα ἢ εἰς ἑτέρους | τόπους δώλῳ {sic} πονηρῷ̣ με-|τατεθεικότα ἐπ’ ἀδικίᾳ τῇ τῶν | κεκηδευμένων ἢ κατόχους ἢ λί-|θους μετατεθεικότα, κατὰ τοῦ | τοιούτου κριτήριον ἐγὼ κελεύω | γενέσθαι, καθάπερ περὶ θεῶν | ε[ἰ]ς τὰς τῶν ἀνθρώπων θρησκ̣-|κε̣ί̣ας· πολὺ γὰρ μᾶλλον δεήσει | τοὺς κεκηδευμένους τειμᾶν· | καθόλου μηδενὶ ἐξέστω μετα-|κεινῆσαι· εἰ δὲ μή, τοῦτον ἐγὼ κε-|φαλῆς κατάκριτον ὀνόματι | τυμβωρυχίας θέλω γενέσθαι.

[2] SUETONIO. Vida de los Doce Césares, Claudio, XXV, 4.

Rvdo. D. Joaquín Rodes Roca

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