Tras la polémica retirada de la Cruz de la plaza de la Iglesia, esta permanecía en la retina de todo el que pasaba en las noches de la Cuaresma. Su silueta relucía sobre la pared del Templo mientras se perseguía la proyección del símbolo del cristiano.

Mientras tanto, el Paseo de la Estación se inundaba de blanca flor para una temprana Semana Santa, que precedían a las habituales Eucaristías y Actos de Culto de las cofradías y hermandades, que se sucedían desde Miércoles de Ceniza. Entre ellas destacaban por singularidad los actos realizados en honor al 25 aniversario de la llegada de la Madre del Amor Hermoso, el 20 aniversario del tercio de costaleras de Jesús del Perdón, así como los referentes a la restauración del Cristo Resucitado.

Llegando los cuarenta días a su fin, la tradicional Bajada anuncia las procesiones de Semana Santa, como viene siendo desde hace siglos. En un día soleado, en el que los cohetes habían resonado toda la mañana, volvió a descender las calles del casco histórico la Madre Dolorosa desde la Ermita que lleva su nombre, que tan necesitada de restauración está.

Las calles vuelven a coparse de sus fieles, para poderla ver en este día que tanto espera Callosa por su singularidad y por lo que significa, ya que la Semana Santa abre sus puertas en la ciudad, siendo siempre San Juan y San Pedro los primeros que la observan adentrarse en el gentío, esta vez situándose este último bajo el Cristo de los Moraos.

Callosa vuelve a cantar los Cantos de la Pasión a la Dolorosa, con voz dulce y melodiosa, resonando en las naves de la Arciprestal que cada año la recibe, señal del amor que le profesa.

El fin de semana que inicia la Semana Santa se venía desarrollando con normalidad. Sábado de Pasión, San Roque fue testigo, un año más y a la luz de las antorchas, del acto de confraternización de las primeras hermandades penitenciales de Callosa. Innumerables penitentes con túnicas verdes, alzándose la Cruz desnuda, subieron como viene siendo habitual para dar paso al descenso de otros de morado, siempre todo ello entre los fríos sones del timbal.

El despertar de la mañana adquiere otro cariz, otro color: es Domingo de Ramos. El incesante toque de campanas convoca a toda Callosa en el conocido como barrio Lucas, frente a la renovada Parroquia de San José.

Como es habitual, la procesión litúrgica de las Palmas la encabeza el Rvdo. Sr. Cura Párroco de San Martín, don Juan Bautista, rodeado de los Consejos Parroquiales y Económicos de San Martín y San José, en representación del movimiento parroquial en Callosa. Tras ellos, la comunidad Cristiana reluce con sus mejores hábitos como es tradición en este día en el cual se celebra la entrada de Jesús en Jerusalén.

Palmas y olivos lo anuncian llegar, hasta que emerge sobre el pollino por encima de  las cabezas de sus cofrades, que vitorean su nombre al grito de Hosanna y lo portan hasta la Arciprestal, lugar donde se realiza la Solemne Eucaristía que da inicio Litúrgico a la Semana Santa. Al frente de la presidencia de la imagen, Dña. Rocío Pajares Salinas, Dama Portaestandarte, comienza la Semana que le llevará a anunciar la Resurrección del que tal día como ese, siglos atrás, entraba victorioso a Jerusalén.

Pero a media tarde, la alegría y el júbilo se tornó en temor. El cielo cubierto y la amenaza meteorológica que anunciaba precipitaciones en un 70% de probabilidad, hizo que las cofradías, temerosas de dañar el patrimonio dudaran en realizar estación procesional.

Tras diversas reuniones para decidir lo que se hacía, el elemento menos deseado en esta Semana hizo acto de presencia. La lluvia entristecía las caras de los niños e hizo ensordecer los instrumentos. Una plaza de la Bacalá, como comúnmente se sigue llamando, llena a abarrotar esperando ver el Encuentro y la tradicional procesión de las Mantillas, se destartalaba tras los rumores previos de suspenso y las posteriores gotas, dejando un triste panorama de sillas vacías sobre el suelo mojado.

Unos Santos Juanes reconstituidos que volvían a su Callosa a tocar, despidieron a la Virgen Dolorosa que no procesionará en 2018 por las calles de Callosa con sus mejores galas en su única salida nocturna, a la vez que resuenan clarines bajo la lluvia para también despedir a las imágenes de Sta. María Magdalena y Jesús del Perdón en un día triste. Sus costaleras, en el 20º aniversario de su formación de la no pudieron hacer la estación de penitencia de Domingo con ese Cristo que rebosa redención.

El Vía Crucis penitencial de Lunes Santo comienza, desde la Arciprestal, al caer las luces del ocaso con ayuda de voluntarios que se ataviaron las túnicas que facilitó la Orden. Se desarrolló con normalidad y se aprecia una disminución notable de público, en una actividad que se le debe dar una solución para su pervivencia.

Tras la llegada del Cristo de las Siete Palabras a la capilla de San Francisco, el conjunto escultórico que se estrenaba el pasado año volvía a presidir su portada gótica para de ahí San Pedro partir ‘huyendo’ del gentío y negando 3 veces a Jesús entre la multitud. Entre los siempre presentes tambores de su Hermandad, realizó su salida con 25 minutos de retraso con respecto a la hora programada, cuestión que deberá de ajustarse para no hacer esperar al público congregado que aguarda para ver al Apóstol negar al Nazareno.

Martes Santo el convento Carmelita contempla la salida de Jesús, que acaba expirando entre su Madre, en San Martín, tras su traslado; la Inmaculada, Alcaldesa Honoraria del pueblo; y  el Santo Patrón que guía al callosino en su día a día.

Y el mismo Jesús, el Cristo, caído sobre su diestra, llega también a la Arciprestal tras una duradera procesión desde su parroquia de San José, pausada por el canto del saetero y guiada por cruces de madera, en lo que supone el día más austero de la semana.

La procesión de Miércoles Santo se desarrolló con la normalidad habitual, volviendo a estar presente la alegría de los niños que, por fin, lograban recoger el característico caramelo sin que la lluvia lo impidiera. Oración en el Huerto; Ecce Homo y la Flagelación; Ntro. Padre Jesús y María Stma. de la Amargura; la Verónica; el Cristo de la Expiración; y la Virgen de las Angustias realizaron en los 90 minutos previstos el recorrido, a pesar de la presencia de alguna parada no deseada recuperada con tramos de mayor velocidad. Una de ellas, como curiosidad, fue provocada por la presencia de un cable a la finalización de la Calle Canónigo Hidalgo que paralizaba por breves momentos la procesión al engancharse en el palio de María Stma. de la Amargura. La novedad prevista, es la ausencia del misterio del Santo Calvario tras la decisión de su Hermandad de alternar la presencia de éste y de la Verónica frente al madero en las procesiones de Miércoles y Viernes.

Y da comienzo el día en que se rememora el mayor gesto de amor de la historia de la humanidad, Jueves Santo. Jesús dio su vida por todos tras servir a sus discípulos y compartir con ellos el Sagrado Sacramento, rememorándose, por ello, el día de la Eucaristía y el Amor Fraterno en este día en el que el azahar comenzaba a caer de los naranjos, en el día en el que Callosa acude a Misa y reza sus Estaciones.

Tras ello, petaladas abren paso a María, nuestra Madre que anda, empujada por el sonido de instrumental de viento-madera, esperanzada por saber que el Hijo de Dios, nacido de su vientre, iba a salvar a la humanidad.

Poco más tarde, Jesús en su Cruz es Evangelio vivo en las calles de una Callosa en silencio y penumbra, con las referencias de la primera luna de primavera en el cielo y de una roja y luminosa línea cruciforme en el horizonte sobre el que se enmarca el Hijo del Hombre.

Largos rosarios de luces que guían a las imágenes en la oscuridad de la noche hasta llegar a la Arciprestal dónde el reflejo blanco de una Cruz de Luz marca el final de su salida procesional.

En cuanto a contratiempos en este día, cabe destacar el retraso en la salida procesional de la Macarena por el tardío apagado del alumbrado público y el percance con el arbolado de la calle Cervantes que, falto de poda, hizo caer la corona de espinas del Cristo del Silencio a su paso.

Al alba del siguiente día comienzan a escucharse sones de las diferentes bandas de las cofradías que, históricamente, participan de esta mañana. Nuestro Padre Jesús guía a la feligresía por la calle que toma el nombre del Vía Crucis que, cada Viernes Santo,  viene realizándose desde el siglo XVI entre el que era el convento Franciscano y lo que se conoce históricamente como el Calvario.

Es dicho evento el que motiva la presencia de la Semana Santa en sus orígenes y a partir del cual surge el movimiento que actualmente abarca la Semana de actividades que podemos disfrutar. Momento clave en el mismo supone la celebración del Encuentro en la calle Amargura, aguardando para la escenificación del mismo la Virgen de los Dolores, San Juan, Santa María Magdalena y las Santas Marías, arropadas por sus cofradías, las cuáles participan, desde su nacimiento, de este especial momento.

Baja, tras ello, Callosa de su sierra, con las luces del alba al frente, sobre el resplandeciente verde de la huerta, uniéndose Sierra, Huerta y Semana Santa, tres de sus distintivos más característicos. La panorámica, espectacular, cambia  de golpe al adentrarse la procesión en el casco histórico para acabar ante la imponente fábrica de piedra caliza que está presidida por el Cristo de la Expiración, que este año medita una hora antes de lo habitual, a las 11, sobre esas Siete Palabras que Jesús pronunció desde su Cruz.

Para ello, la Cofradía designó al sacerdote callosino D. Agustín Marco Ruiz, guía de su acto de meditación, en el año en que su hermano D. Moisés Marco Ruiz fue reconocido por su labor en la Semana Santa con el nombramiento de Nazareno de Honor. D. Agustín realizó alusiones al perdón, la bondad, la paz, la esperanza, el amor, el papel de la mujer y la oración, tomando la música papel protagonista en diversos momentos del acto, así como San Agustín y, cómo no, Jesucristo. A su fin, el Cristo de la Expiración volvió al convento de las Hnas. Carmelitas, como es habitual, a pulso entre sus costaleros

Al atardecer, a pleno sol y tras la realización de la Acción Litúrgica de la Pasión y Muerte del Señor, Adoración a la Santa Cruz, Oración Universal y Comunión, dio comienzo la procesión de la Exaltación de la Cruz. Jesús orando junto a sus Apóstoles, Jesús prendido ante sus fieles compañeras tres Marías, la de la Magdala, Salomé y Cleofás, Juan el hijo de Zebedeo, Jesús flagelado y coronado con espinas, Jesús cargando la Cruz ante su madre llena de Amargura, cayendo hasta tres veces, antes de ser crucificado en el monte Calvario, dónde agonizará hasta caer en los brazos de su Madre repleta de Angustia y, tras ella, una Cruz vacía repleta de significado. Un completo evangelio en la calle para dar testimonio de la Fe y el amor por la Semana Santa del pueblo de Callosa. Al finalizar, por segundo año consecutivo, todos los pasos fueron situados en el Paseo de la Estación, para unirse en una oración dirigida por el párroco en esos momentos, de trance de nuestro Salvador Jesucristo entre su descenso a los infiernos y su Resurrección.

Por segundo año viene teniendo mucha aceptación el acto por parte de los cofrades, siendo ejemplar la recogida de los tronos, aunque se echó en falta que la gente se incorporara al final de la procesión, cuestión que el año anterior se produjo en mayor medida.

Sábado Santo tiene lugar la procesión del Entierro del Señor. La Semana Santa en pleno abre la procesión, encabezando el Cortejo la Dama Portaestandarte, que unos minutos antes era recogida por la Junta y el encabezamiento musical que después marcaría el inicio de la procesión con los solemnes sones de Funeral of Queen Mary de Henry Purcell.

Tras realizar el recorrido habitual, y con la gran afluencia que se viene teniendo desde que la procesión, pasó a celebrarse Sábado Santo; Jesús amortajado llegaba a la plaza de la Iglesia flotando sobre las cabezas de los que se congregan para su espera. Su Madre llega empujada por la comunidad cristiana femenina, abanderada por la familia Amat, verdadero corazón de la Cofradía que moviliza a la mujer callosina para guiar en el dolor a su Madre, acompañándola en el sentimiento de Soledad, en el eterno duelo ante la pérdida de su preciado Hijo.

Y tras la celebración de la Vigilia Pascual retumba Callosa que espera en San Martín a que su Párroco anuncie la buena nueva: Cristo ha resucitado. D. Jorge Más Cayuelas inició el toque del tambor, que serviría para que prácticamente todos los componentes de las bandas de las cofradías y hermandades de Callosa se reunieran en torno al ruido atronador del tambor y con único objetivo: el anuncio de la Resurrección. Arropado por el casco histórico, llegando hasta el Santuario de San Roque y asomando al balcón que domina la Vega, se pudo anunciar a toda Callosa que Cristo Vive entre nosotros.

La mañana de Domingo de Resurrección se presentaba melodiosa en la Capilla de San Francisco. La Virgen de la Portería portando su luto, que aúna Dolor, Esperanza, Amor, Agonía y Soledad y representa a toda mujer que ha perdido a su ser más querido, parte hacia la Arciprestal precedida por la representación de las cofradías y hermandades de la Semana Santa de la ciudad, unidos en torno a una misma Madre y con un  único objetivo.

La plaza Reina Sofía se presenta ante los ojos de los callosinos reflejando el color del cielo y repleta de margaritas blancas, que servían de presagio para lo que iba a suceder. Una vez más, Callosa da testimonio de que Jesucristo vive entre nosotros, y volvía a ser una mujer la que iba a dar fe de ello. Con reverencias y el ondeo del pendón negro, Dña. Rocío Pajares hacía ver a la Madre de todos que frente a ella se encontraba Jesús Sacramentado bajo palio; que el Hijo de Dios no yacía bajo una fría lápida, sino que se encontraba, tal y como predicaba, bajo el abrazo del Padre.

Una mujer, de nuevo, es la encargada de dar tal noticia, al igual que en su día lo hicieron las mujeres que al subir al Gólgota corroboraron, tal y como reivindicaba en el pregón el Rvdo. D. Joaquín Rodes Roca, que al retirar la piedra que cerraba el Santo Sepulcro no se encontraba el cuerpo de Jesús. Y conociéndolo todo el mundo, estalló el júbilo entre los hombres. Palomas, pétalos de flores y aleluyas se entremezclaron entre la música y la alegría de los allí presentes y, sumándose Cristo Sacramentado a la procesión, el luto se convirtió en gloria para la insignia de la Dama, el atuendo de la Virgen y todos los presentes que, descubiertos, anunciaban a los vecinos la Gloria de Dios.

Tras la celebración de la Eucaristía, el cortejo volvió al Convento encabezado por la Dama Portaestandarte,  abriendo la Procesión del Resucitado. Esta vuelta se viene realizando, cada año, con menor número de cofrades que la procesión de la mañana, dejando en algunas ocasiones sólo el estandarte para volver. Este hecho debería de cuidarse para que no fuera así.

Tras acabar este tramo de procesión, los estandartes de las diferentes cofradías y hermandades, así como la Virgen de la Portería se retiran. Prosiguen la Madre del Amor Hermoso y el Cristo Resucitado, que estrenan para en este 2018 renovadas vestimentas y policromías respectivamente, con sus cofrades despojados de sus capirotes. La restauración del Cristo fue realizada por D. Domingo García Chauán, siendo el vestido, fajín y manto de la Madre del Amor Hermoso, confeccionados a mano, en hilo de oro en terciopelos bordados, por los talleres de Carmen García de Orihuela, además de estrenar mantilla y corona de doce estrellas cincelada a mano con baño de oro, elaborada en los Talleres de Benedicto e Hijos.

Ambas imágenes continúan hasta la Arciprestal donde se finaliza con un Encuentro entre ambas imágenes a su llegada. La Madre vuelve a alzarse al cielo, en el año que Callosa puede contemplar por 25ª vez su hermosura, a la llegada de Cristo glorioso a la plaza de la Iglesia, con la figura de la Portaestandarte presente como testigo de excepción que ondea la bandera blanca, llena de alegría ante el Milagro de saber que Cristo se encuentra ante Dios Padre.

Acabada, la Semana Santa y con la salvedad de la tarde de Domingo de Ramos, destacar que el buen tiempo ha permitido la normal celebración de las procesiones programadas, contando con una buena respuesta de público en términos generales, que han llenado las calles en todas y cada una de las procesiones.

En otro orden de cosas, querría desde aquí invitar, a los responsables de tronos y bandas, a no cesar en el empeño de mejorar, tanto en el aspecto cualitativo como en el sentido de grupo, con tal de asegurar la permanencia de estos activos que dotan de singularidad y masa social a las cofradías. Haber llevado un trono o banda 20 o 25 años no implica que se lleve de la mejor manera posible. Y la mejora no tiene otra vía que no sea buscar referencias más consolidadas y trabajadas; aumentar el número de ensayos, para mejorar la técnica y la resistencia; y promover convivencias, para fomentar la unión y garantizar la continuidad.

Por último querría también solicitar a todo callosino, así como ruego que lo hagan extensivo todas las cofradías y hermandades, que en este 2019 nadie deje su vesta en el armario e inunde de las calles de Callosa de vocación por su Semana Santa para seguir dando continuidad a esta tradición evangelizadora.

Vicente Mora Manzanaro

Cronista de la Junta Central de Semana Santa

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